Los lugares preferidos

En el mensaje de la semana anterior Sigilentoso me ha preguntado cuales habían sido los mejores países por los que había pasado. Me acuerdo que durante el viaje mantuve una pestaña dentro del blog llamada Tops, donde se encontraban los top 5 de todo: las mejores carreteras, ciudades, paisajes, etc. Cosa que no funcionó (y por eso la borre) porque nunca se me apareció un segundo de mi vida para actualizarlo, así pues nunca pasado del perú a la basurerita virtual fue y ni yo mismo quedé con el registro de lo que mas me gustó. Aprovecho esta oportunidad para rememorar esa pestaña y actualizarla aunque sea dentro de un post…

A mi gusto en suramerica los mejores países son: Perú por sus desiertos, su altiplano y su comida; Argentina porque de hecho es el país con los paisajes más variados, la gente es querida y para moverse es buenísima; Brasil por sus playas y buen ambiente. Incluiré la Patagonia chilena y argentina como lo mejor de todo el continente.

En cuanto a ciudades mi preferida es Buenos Aires por sus aires europeos, su ambiente y porque se puede caminar toda. Cordoba me gustó bastante, es una mezcolanza de no se qué muy agradable, además el acento de los cordobeses es bacanísimo. Rio de Janeiro es muy especial (aunque carísima), relajada y la gente es queridísima. Salvador Bahía el muy, muy linda.

Si hablamos de lugares no tan conocidos, pero que para mi son obligatorios: el cañon del pato en perú para un motociclista es un paraíso, San Pedro de Atacama en chile es un desierto muy entretenido de atravesar, el paso de jama en chile-argentina es obligatorio, la ruta de los siete lagos arriba de Bariloche es increíble, las torres del Paine en Chile son imponentes a más no poder, la isla de santa Catarina en florianopolis es regia, Trancoso, al lado de Arraial D’ajuda (bahia) es la mejor playa, Ilha Grande al sur de rio es como un parque Tayrona, la chapada diamantina es buenísima para trecking, Jericoacoara es el paraíso, Os Lencois maranhense es un desierto con lagos, Alter do Chao en el medio del amazonas es buenísimo, y por último, Roraima, en Venezuela, es de los buenos treckings que uno se pueda pegar.

En cuanto a otros países fuera de nuestro continente, en europa me han gustado Alemania, lo que era la Yugoslavia, es muy variado, lindo y fácil para moverse, y la sorpresa Albania, vale la pena visitarla.

Las ciudades de allá que mas me gustaron son Hamburgo en Alemania, es de buen tamaño y muy balanceada, tiene de todo! Roma, que, aunque no ha entrado en el blog, es perfecta; Budapest tiene el ambiente y el tamaño perfecto, Sarajevo, esta acabada pero tiene su no se qué, Kazán en Rusia es rarísima pero obligatoria para visitar, Madrid es madrid!  y por último metamos a Istambul ahí, hay que visitarla.

Si hablo de mini paraísos, en primerísimo lugar esta el valle de Teth y Valbona en Albania, las islas de Mljet y Hvar en Croacia, ambas muy distintas entre sí, pero que islas! La cueva de Skocjan en Eslovenia parece de Indiana Jones, el Aletschgletscher en suiza es un glaciar muy bonito, la Creux de Van cerca a Neuchatel incluye un trecking muy entretenido, Darlux en Graubunden es la mejor pista para tirarse en trineos.

Si nos vamos para el asia, de los pocos países que visité, los mejores son Vietnam y Laos.

En cuanto a ciudades no hay nada en el mundo como Hong Kong. Dalat en Vietnam me gustó mucho.

Los lugares que más me dejan recuerdos son: Phong Nha, Tam Coc, Cat Ba en Vietnam, el mekong con Muang Khua, Nong Khiaw, Vang Vieng y Don Det en Laos son mis preferidos. Angkwor Wat en Camboya es increíble (si uno sobrevive al calor).

En norte america me gustaron Montreal en Canada (que no está en el blog) y Nueva York. De lugares puedo recomendar Algonquin Park en Ontario, Canadá, un bosque con lagos de película, Sion, otro que es de postal, y el desierto de Moab en Utah, USA.

La verdad, verdad, es que todo, todo, hasta lo maluco y feo, por contradictorio que parezca, me ha gustado. Si me pusiera en serio a mostrar lo que me ha dejado recuerdos… pues les repito el blog completo!

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El destino de la poderosa

Me ha preguntado Sigilentoso, un seguidor del blog desde hace dos años, que diablos ha pasado con la moto del viaje, o si esta continúa colgando del techo. Parece ser que lo ocurrido con la poderosa solo fue  publicado en el libro que nadie compró y nunca se me pasó por la cabeza informar sobre el destino de la moto a los seguidores del blog! Así que empecemos donde dejamos la moto, colgando del techo. Pues bien, mientras ella colgaba debido a su muerte prematura, su dueño, o sea yo, tenía que movilizarse de alguna manera. Fue por esto que me compré otra moto. Pasaron seis meses y los dioses decidieron poner una mancha de aceite en la carretera para que yo, a una vertiginosa velocidad de 15, óigase bien, 15 kilómetros por hora, le pasara por encima, me resbalara, cayera en la rodilla y así, despacito, en cámara lenta, lentísima, la moto cruzara al carril contrario para que dos lindas camionetas le pasaran por encima, ella muriera en el acto y yo, como para variar, terminara en el hospital con la rodilla medio fracturada, medio no del todo, pero con un hueco…!

La moto muerta fue vendida a un mecánico para que le sacara repuestos y con la poca plata que quedó en mi bolsillo decidí revivir a la poderosa. Llevarla al mecánico fue toda una aventura tomando en cuenta el lamentable estado en que se encontraba: llantas desinfladas, motor muerto, tornillos oxidados, en fin, llegó al mecánico o a varios para ser más preciso. Después de mucha mano, a ella, la compañera de tantos kilómetros, el alma le vino al cuerpo y durante otro tiempo fue mi medio de transporte hasta que se varó de nuevo. La arreglé. Se volvió a varar. La volví a arreglar. Otra vez murió. Otra vez la reviví. Así llegó el día en que me dije: — De pronto esta moto ya sí llegó a su verdadero fin —. Decidí intentar una última reparación, el diagnóstico dado por el mecánico fue muy diciente: camisas, anillos, culata, en fin, reparación de motor con todas las de la ley.

Al día siguiente recibí una llamada: por 15.000 pesitos más el hombre me la vuelve 150. ¡150! ¡Una bws con 150 cc! ¡Claro que sí! ¡Hágale! La camisa había que hacerla, la reparación de culata también, valía lo mismo hacer un agujero más ancho o más delgado y el pistón en sí, solo costaba  15.000 pesos más caro. Ni les digo, la moto quedó como una bala. Nunca antes una bws había subido palmas tan rápido. Ronca cual Ducati y con un motor a bajas revoluciones, la motico volaba por todo tipo de terreno hasta que le encontré un ligero defecto, o bueno, ella me lo mostró: puntual, como si fuera un inglés, la moto cada quince días se varaba. Problemas que empezaron a demostrar que el amor y la nostalgia por la moto eran en realidad un estado de negación propio: no quería aceptar la realidad por encontrarme tan unido a la moto. Tampoco es de volver este relato todo un cuento de relaciones melosas y romanticonas entre hombre y máquina. ¡Ya está más que probado que por fuertes que sean las relaciones, si por medio se encuentra la plata, todo el amor se acaba! Y se acabó. Me cansé de arreglarla y fue de esta manera que la poderosa encontró un nuevo lugar en el mundo… una compraventa de motos en la cual resultó que el mismo mecánico que tantas veces la había arreglado se encariño con la bws 150 con más recorrido e historia del mundo que los ciegos (o amarrados) de incolmotos nunca quisieron patrocinar. Ahora ando en bicicleta respirando el delicioso aire diésel que Ecopetrol, las volquetas y camiones proveen a nuestra linda tierra o como es la realidad, en la gran mayoría de las veces, ando en el vehículo que me presten.