Freiburg

Perdón blog por escribir tan poquito sobre una ciudad, pero que le vamos a hacer: visitada por primera vez hace 12 años, solo un poquito, mucha fiesta y mucho frío. Y ahora, bueno, no tan ahora, el año pasado, el lugar donde intenté aprender alemán más rudimentario que fluído, llega al blog la pequeña Freiburg, urbe principal de la selva negra si la miramos del rín hacia el este. Y si la miramos desde el otro lado, también; es la capital de la selva negra, la misma inspiradora del postre.

La ciudad es famosa por su catedral, la más alta de la region si descontamos a la de Estrasburgo, ciudad vecina, durante mucho tiempo el edificio más alto de europa hasta que la desbancó vaya uno a saber cual. En fin, la catedral es bonita y está dentro de un centro histórico muy bonito y… les dejo las fotos.

Puente sobre la bahnhof

Cualquier tram por la kaiser joseph

fischerau y el gewerbekanal

Lo mismo

Y un buso en el kanal

El mismo pero por otro lado

El altstadt

mural

calle en el altstadt

Canalcito en la calle

barco parqueado en el canalcito

La catedral

más del altstadt

La parte más vieja

Cualquier canal

Un perro

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Dresden

Si no lo habrán notado, estos últimos posts alemanes estan un poquito descuadrados en el tiempo. Es así porque el autor del blog pasó por ellos el año pasado, no este. Por pura pereza, ocupación, olvido y demás disculpas que uno se pueda inventar, la bitácora del motoneto no fue actualizada y solo hoy, día en que no tengo nada que hacer, me he dedicado a escribir sobre unas ciudades de las cuales casi que ni me acuerdo. Exagero, claro que me acuerdo, el problema es que para escribir algo entretenido se necesita por lo menos estar fresquito, haber sido testigo de algún accidente o algo entretenido o por lo menos, aún recordar el nombre de la plaza principal. ¡Esa es fácil! ¡MarktPlatz! Así se llaman todas las plazas alemanas. Algo como decir plaza Bolivar en países andinos o San Martín en los sureños. Sí. Pero no. Si algo tienen las ciudades alemanas, o europeas en general, es un sin fin de placitas, todas muy cercanas las unas a las otras, que tienen una variedad de nombres que sería muy bueno recodarlas para después escribirlo en el blog turístico que ha pocos datos útiles que da!
En fin, la visita a Dresden fue hace mucho tiempo y, aunque muy publicitada ciudad por mis amigos alemanes, solo le vi de especial el centro, el cual de hecho es bastante pequeño. En él encontré lo más importante de la ciudad: una tienda de lentes de segundas! Ya habrán visto, o notado, que todas las fotos de Hamburg, Lübeck y Bremen se han caracterizado por su mala calidad. La razón es que mi lente murió en Vientiane, Laos y por más que yo quisiera, dinero para otro no había. En esta tienda de segundas logré por fin encontrar un reemplazo de plástico pero a muy bajo costo y por cosas de la vida, acepta el full frame!

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Dresden Altstadt y el elba

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Die Hofkirche

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El río Elba

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Para que no se les olvide

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Buena iniciativa

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La frauen kirche

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Por fin, una foto con buena resolución

Lübeck

Nada que me de más rabia que mi celular o computador decida en que idioma debo ver los nombres de la cosas, así pues, maps dot me, la aplicacioncita para poder ubicarse en el extranjero sin ser expiado en demasía, decidió que para mi, Lübeck, solo podrá ser presentado como Lubeca. Con semejante nombre tan feo, casi se me quitaron hasta las ganas de ir. Si no fuera porque se encontraba cerquitica Hamburg, no entraba a este blog!
Haciendo un esfuerzo extraordinario para olvidarme del nombre castellano de una ciudad germana, tomé un tren y a este pueblito llegué. Se caracteriza por poseer una tor grande a la entrada, siendo tor un portón de muralla. Por eso la puerta de brandemburgo se llama Brandemburg Tor, no tür; la verdadera palabra para puerta. Me imagino que esto sucede porque en español decir el portón de brandenburgo suena raro. Pero me desvío, el arco gigantesco a la entrada de Lübeck es una tor y no una tür sin importar que se encuentre en la mitad de un round point y que tenga severos problemas en cuanto a su estructura.
Pasada la glorieta, tor o gate, se llega al pueblito propiamente dicho. Muy bonitico y más que todo, chiquitico. Construido en esos ladrillos oscuros como los que se pueden ver de lo que sobrevivió de Hamburg. Este pueblito, con callecitas estrechas y serpenteantes, se expande a lo largo de diez, oigase bien, diez metros cuadrados. Bueno, exagero. No eran diez, pero si eran pocos. En ellos pude recorrer las callecitas de extremo a extremo varias veces y, una vez hecha la marcha turística de regla, me detuve a comer el producto numero uno del pueblo: mazapanes!
Los venden de todos los colores y sabores, son de almendras y saben delicioso. (Muy parecidos a los del Astor) Hay una tienda en el centro que al parecer es la marca más famosa y la causante de la denominación de origen para los mazapanes lübeckeños y se llama… se me olvidó. Déjenme ya me meto a google. Ok, se llama Lübecker Marzipan-Speicher. Adentro me compré una buena bolsita de ellos con formas de frutas, muy decorados. A la bolsa también vinieron a dar otros, en esta ocasión empacados como chocolatinas. En fin, comido y turisteado, en un tren rumbo a Hamburg al final de la tarde me fui.

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Uno de tantos canales

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Tor, Holstentor

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Como ven, un poquito torcidita

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Otro de los canales

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Casas de ladrillo

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Más de la Holstentor

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La parte vieja

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Un dragón en la parte vieja

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Como para variar, la catedral en reparación

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Alemanes… ladrillo por ladrillo, la iglesia es analizada

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Lago vecino

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Vista de la ciudad desde el lago

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Calles

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Calles

Bremen

La historia de Bremen comienza así: un burro, un perro, un gato y un gallo son cada uno y por aparte, condenados a muerte por sus respectivos dueños porque producen más gastos que ganancias. Los animales, más inteligentes de lo que su naturaleza sugiere, se escapan hacia la ciudad de Bremen para poder llevar su vida libremente, sin la permanente amenaza de muerte. En fin, en el camino se encuentran entre sí y juntos caminan hacia la ciudad destino, cuando una noche, buscando sitio donde dormir, llegan a un sitio que se encuentra ocupado por unos bandidos. Los animales, después de mucha discusión, hacen un morro con cada uno encima del otro según su amaño y juntos, emitiendo sus ruidos característicos, espantan a los bandidos que huyen aterrorizados. Al parecer, al siguiente día, continúan su camino hacia la ciudad. También se hacen músicos; aunque la historia nunca narra cuales son los instrumentos, ni que animal toca cual de ellos. Solo que desean ser músicos y que depronto uno toca el timbal y otro el laud o algo así. Que le vamos a hacer, es un cuento, no está para ocuparse de minucias y detalles. Son músicos y ese dato debe bastarnos para imaginarnos el instrumento que se nos venga en gana. Si es un piccolo o un oboe, quien lo toca es músico, sea hombre, gato perro o burro. La fábula omite adrede el ritmo musical, algo que el señor Grimm no debió hacer porque si acaso nuestra banda musical quisiera anexar su futuro a la música protesta, terminaríamos el cuento bastante preocupados. ¿Tendrán de que vivir en Bremen? ¿Qué harán si Mercedes Sosa va y les hace competencia en alguna esquina? ¿O Facundo Cabral? ¿Estarán los Bremenitas preparados para semejante cosa? Ahora bien, si tomaban el reggaeton como inspiración, se volverían millonarios y posiblemente la ciudad en la actualidad ya no se llamaría Bremen sino Blemen; digo, pol Puelto Lico. En fin, ya que la ciudad sigue siendo Bremen nos queda la duda si alguno de los músicos cayó en las drogas o se volvió un excéntrico inmamable, con ropajes extraños, cadenas de oro y gastos desorbitantes, símbolos máximos del éxito musical y la decadencia inmediata que le sigue. ¿Que fue de ellos? ¿Alguno habrá sido demandado por manutención? ¿No habrá habido algún otro que en alguna pelea su linda cara bien deformada quedó? ¿La peste negra se los habrá llevado? 

Bueno, me alargo, a la historia original y patentada de Bremen por el señor Grimm, le siguió otra con esvásticas, marcha militar y un man con un bigote lo más de ridículo; pero, eso es otra historia, aunque importante, vale la aclaración, porque de Bremen poco quedó. Ya reconstruida, les adjunto las fotos para que la vean.

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Los músicos de Bremen en Bremen

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La Haupt Bahnhof, la estación central

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Canal en forma de estrella que protegía a la ciudad en los años de upa

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Túnel bajo la Alstadt

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Lo único que quedó de un puente famoso antes de la guerra

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La Marktplatz

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Casitas típicas de la ciudad en el AltStadt

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Los rieles del tranvía

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No tengo idea quien fue

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La Alte Neustadt, la vieja ciudad nueva (que ya es nueva porque desapareció en la guerra)

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Die Altstadt desde el puente y el río weser

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La teerhof por dentro.

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Una víctima de los borachos

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Die altstadt y los barquitos

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Más de ellos

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Y todavía más

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King Kong no dijo su nombre

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Callecitas dentro del altstadt

Hamburg

– Mamá. ¿Cuándo volverá?
– Déjalo Anne, lo hemos perdido. Hay que aceptar las pérdidas tal como vienen y ésta, por dolorosa que sea, debes encararla con entereza. Yo sé que lo quieres de vuelta pero nos ha dejado y estoy segura, no volverá.
– Pero mamá, ¿has perdido la fé en tan poco tiempo?
– Ya han pasado dos años. Lo he buscado por todos los lados y tu lo sabes. No me mires con esa cara. Fuiste testigo de todos los avisos que puse en los postes, puertas y paredes. Fotocopias, fotocopias y más fotocopias con su rostro en cada una de las lámparas de nuestro barrio y, antes que me lo reproches, me acompañaste bañada en lágrimas a pegarlos en lugares que, aunque imposibles que por allí estuviera, igual tuvieron su retrato y aviso de búsqueda. Acéptalo, la vida continúa. Sin él, claro. Buscaremos otro que nos haga compañía.
– No será lo mismo. ¡No es él!
– Deja de llorar, me haces sentir mal. Llevo dos años buscándolo, solo por buscarlo, sin esperanzas, solo por ti, métetelo en la cabeza, no volverá.
– Sí. Sí. ¡Sí lo hará!
– No. ¡Madura! ¡Aprende a vivir la vida tal como es!
– ¡No deseo aprender! ¡Lo quiero devuelta!
– ¡Yo también! ¡Pero no lo volveremos a ver!
– ¿Por qué?
– Porque la vida es cruel; las injusticias pasan; los dramas aparecen de improviso. Mi amor, nuestra fortaleza es mantenernos unidas. Unidas como familia que somos, así ya lo hayamos perdido, somos una familia de dos. ¡Deja de pensar en él! ¡Liberate! ¡Libérame de este yugo! Ya estoy cansada de buscarlo, si tu me dejas puedo encontrarle un reemplazo.
– ¿Reemplazo? ¡No!
– La vida continúa, quiero que pases la página. Compórtate como una adulta. Deja de insistir con esto. ¡Ya no tienes cinco años!
– ¡Pero yo quiero que vuelva!
– No volverá.
– ¡Sí! Sí lo hará, si tu lo buscas!
– ¡Estoy cansada!
– Un último esfuerzo, porfis.
– ¡No! ¡Estoy cansada!
– Te lo prometo, si lo buscas por última vez, así no aparezca, dejo de insistir.
– No te creo.
– Lo juro. Lo prometo. No volveré a mencionarlo; me libraré de su recuerdo; dejaré de atormentarte por su falta.
– ¿Estas segura?
– ¡Sí! Solo búscalo la última vez. Yo te acompaño. Te prometo que dejaré de llorarlo, añorarlo y nunca más volveré a molestar a la gente del barrio preguntándole por él.
– ¿Prometido?
– ¡Con la mano en el corazón!
– Esta bien. Que conste que es la última vez que le buscamos. Dejarás de comportarte como si tuvieras cinco años. ¿Esta bien? Ok, déjame yo saco unas nuevas fotocopias con su retrato y lo buscamos de nuevo. Eso sí, métete en la cabeza que será difícil que alguien sepa sobre su paradero. Si no aparece de aquí a dos semanas me prometes que dejarás de pensar en él.
– Eso no puedo prometértelo; sin embargo si puedo asegurarte que dejaré de insistir en su búsqueda.
– Me vale. Aunque vuelvo a insistir en que deberías aceptar su pérdida y vivir tu vida. Tienes tantos años por delante que podrías gozar sin tener que preocuparte por quienes han pasado por tu vida. Puedes tomar lo positivo que te dejaron y continuar viviendo tus días con su grato recuerdo.
– Eso haré mamá, ahora hagamos las fotocopias.

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Gracias mamá por seguir intentándolo

Ahora, otras fotos de hamburgo

La ciudad mas bacana de Alemania!

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Venganza!

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Buen toque

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Speicherstadt, el puerto viejo que por milagro medio sobrevivió a la guerra

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Monumento importante que como para variar se encuentra en mantenimiento

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Binnenalster, el lago interior

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El puerto en la ciudad vieja

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La ciudad desde el Elba

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Puerto en el Elba

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Playa en Öbelgönne

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Callecitas en Öbelgönne

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Puerto en Öbelgönne

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Die Hafen oder der oder das

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Fachada en St Pauli

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Peleas contra nazis en St Pauli

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Canal en Winterhude

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Bicicleta que ha conocido mejores días

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Ausseralter

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Muelle en el Ausseralter

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Barrio bohemio de Schanze

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El puerto viejo

 

Köln

TRAIN_64 Colonia es el sitio de donde viene la colonia, ja, que original, en efecto el nombre de Colonia en alemán es Köln, y la colonia Kölnwasser, producto que venden en todo lado y huele a pachulí. Es difícil ponerse en las tiendas para turistas a oler los finísimos tarritos cuando todo simplemente huele igual. No es el tipo de cosas en las que usted quiera perder su dinero y además oler maluco, mejor se da una vuelta por la ciudad y come en alguno de sus restauranticos, recomendado uno en el fischmarkt que, cómo la plaza que lo contiene, vende pescado.

Esta ciudad fue arrasada por la guerra y son precisamente esas tres casas del fischmarkt las que quedaron en pie, el resto, dos iglesias y la catedral, fueron reconstruidas. La catedral es lo mas de grande y su historia es triste. Se demoraron seiscientos años para terminarla. Desde que empezaron en el 1200, cada siglo la tenían que parar porque se les acababa la plata, había una nueva guerra o peste, en fin, solo a finales del 1800, más exactamente en 1880 la pudieron terminar. Sesenta años después empezó la segunda guerra mundial y…. ciaooo bambino! Vuelva y empiece, a arreglar la torre caída y desde eso están haciéndole reparaciones. Esta iglesia fue el edificio más alto del mundo cuando la terminaron y su arquitectura es gótica, llena de gárgolas, demonios y ángeles por todo lado. Adentro hay de todo referente a los Drei könig, que quiere decir tres reyes que a su vez se refiere a los reyes magos. En el mundo alemán todas las ciudades tienen un hotel que se llama Drei König.

Abajo, en la schatzkammer, cámara del tesoro, hay cosas que vienen desde los carolingios, pues la ciudad cercana de Aquisgrán, en alemán Aachen está bien cerca, la capital de Charles Martel y mas tarde Charlemagne, eso sí, desde los romanos era algo importante, de ahí su nombre, colonia, de los romanos como no.

De la ciudad no quedó ni el untado, tuvieron que reconstruir todo. En ese todo está la sala de conciertos que bajo una técnica modernísima de arquitectura decidieron ponerlo bajo suelo detrás de la catedral. Allí en su techo quedó como una placita para que la gente se pueda sentar a conversar o simplemente la use como paso para el Rin. Se equivocaron en una sola cosita… el ruido de las personas caminando se oye en la sala donde el silencio debería imperar a la hora de un concierto. Solución… cinco personajes ordenando, pidiendo, implorando e informando a los pasantes que ni se les ocurra poner pie en la plaza porque en ese momento abajo concierto hay! Y los que creen que todo en Alemania ha sido diseñado bajo los más altos estándares!

La ciudad moderna, o sea, toda la ciudad, tiene unos aires idénticos a los de buenos aires… estar en Rudolphplatz o en sus cercanías es muy parecido a estar en Palermo y cercanías de plaza serrano… eso sí, todo más limpio y organizadito.

No se recomienda entrar a los baños públicos, puede encontrarse uno con un gordo que mientras mea por tandas le conversa a uno… como uno casi no entiende lo que dice, simplemente lo ignora y sigue haciendo lo que vino a hacer. Lamentablemente los orinales no tienen separador y se termina inevitablemente viendo lo que no se quiere ver; al parecer hay algunos personajes que van a los baños públicos a hacerse la paja con el orinal como receptor de su soledad. Obviamente los que a estos lugares van a hacer pipí, al encuentro de estos desahogos al lado de ellos, lo mejor es que simplemente emprendan la huida y entren a algún restaurantico cercano.

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La Hauptbanhhof

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Mirar el conejito entre demonios y pajarracos

Köln-20150509_145403_webVista desde la catedral

Köln-20150509_150115_webHuelga desde la catedral

Köln-20150509_152015_webKölner Dom, la catedral

Köln-20150509_152111_webDiferentes etapas de reastauración

Köln-20150509_160616_webLa plaza donde la gente no puede estar porque abajo hay un concierto

Köln-20150509_160706_webUn bismark con una paloma en la cabeza

Köln-20150509_160953_webLa iglesia de San Martín

Köln-20150509_161404_webEl Rin

Köln-20150509_180102_webEl Fischmarkt con las tres casas que mas o menos sobrevivieron a la guerra

Köln-20150509_181737_webAltermarkt, el mercado viejo

Köln-20150509_183450_webUn extraño elefante negro

Köln-20150509_183841_webSchildergasse, calle comercial

Köln-20150509_184136_webUn edificio cuquita en la schildergasse

Köln-20150509_190511_webUn cono

Köln-20150509_193606_webEl Dom

Köln-20150510_125949_webRudophplatz

Köln-20150510_130155_webRudolphplatz, con aires de palermo

Köln-20150510_135200_webMás de Rudolphplatz

Köln-20150510_135334_webMarcas de judios capturados, a dónde los llevaron, cuando murieron, cómo y dónde

Köln-20150510_152307_webAachener strasse, la calle de aquitania

Köln-20150510_152314_webGente en la Aachener strasse

Köln-20150510_170953_webParque de Hiroshima y Nagasaki

Köln-20150511_153420_webHeumarkt, el mercado del heno

Berlin

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Y vuelve el mismísimo motoneto de la bitácora a viajar, pero como los fieles lectores ya sabrán, el continente suramericano se acabó el año pasado y, aunque ganas de ver lo que faltó todavía quedan, esta vez el motoneto decidió cambiar de aires, por eso se montó en un aparato de aluminio y plástico que llaman avión.

Estamos en el avión (yo y testigos), la idea, muy pensada ella, es expeler todo el metano acumulado de la forma más silenciosa posible. La técnica adquirida en años de experiencia dice que primero se aguanta mucho y después, pasados varios procesos internos desconocidos en el mundo exterior, todo ese gas sale como un soplo. Tiempo ha pasado, llevo unas seis horas en el avión, los procesos internos asumo ya han pasado. Con disimulo la cabeza debe voltearse unos 90 grados; movimiento del cuello que hace que media nalga se levante y libere el espacio por donde el gas circulará. RACATACÁN! suena en el avión y tiembla la silla; las miradas de los vecinos no condenan, aconsejan: vale, si en esas estas, al menos por las apariencias lo podes aguantar mas tiempo hasta que salga soplado; si no sos capaz, por lo menos esperá a que alguien tosa, hable el piloto o algo así.
Mientras las miradas envían todos esos mensajes, el motoneto, ya sin moto, esta rojito.
Y en ese estado, cansado y de mal humor llega Madrid donde dos cervezas a las doce del día que de hecho son las cinco de la mañana logran prender al protagonista de este relato.
A la llegada a mi destino tengo el contacto con el aparato mas complicado jamás construido, el expendedor automático de tiquetes alemán.
Mientras todos nos desesperamos al ver dos ingleses pelear con la máquina y tomarse todo el tiempo del mundo, los alemanes que están en la fila, ya cansados de la espera se van. Yo por mi parte ya sabía cuál era el bus, el txl que va a Alexander Platz. Lo pregunté a alguien. Solo tengo que esperar a que los ingleses terminen.
Veinte minutos de sudor, miradas aterradoras de la fila tras ellos, la vergüenza resultante y un uso neuronal mas allá de lo acostumbrado, lo logran. Es mi turno, atrás hay una fila gigantesca esperando ver lo que yo haga. Las expectativas no están enfocadas en la velocidad sino en el procedimiento. Todos esperan que quien esta adelante (yo) pase la vergüenza y en el proceso ellos puedan ver como se hace.
La máquina es poliglota, me habla en español. Entiendo que me pide algo en mi propio idioma pero no logro comprenderlo. Del menú de opciones pueden haber hay 10.000 precisas combinaciones de viaje en la pantalla. Solo hay cuatro submenús que llevaran a los diez mil posibles tiquetes. No se encuentra ninguna con el número del bus, o Alexandre Platz, plaza principal de Berlín y destino.  Encuentro un nombre alemán que no es el que quiero pero después de 15 intentos es el único que me pide algún dinero. Lo compro, no tengo idea si sirve ni para donde va, pero es un papel pagado que me ayudara a hacer cara de bobo cuando la policía que controla los tiquetes me pregunte porque diablos estoy en ese bus.
Nada pasa y fácil llego a mi destino, Mitte, al ladito de la Platz de Alexander.

Al siguiente día, mis vecinos de cama Reinaldo, Ted y su novia, todos del Brasil, me acompañan, o yo a ellos, para hacer la turisteada estándar de la ciudad. En Brandenburg Tor una alemana que habla portugués nos dice que tenemos que probar una cerveza con un jarabe (syrup) rosado o verde que los alemanes adoran, su nombre para que lo copien y puedan decir no gracias una vez estén allá es: waldmeister; es verdaderamente horrible.

Después de una larga caminada tengo mi recompensa, ésta en forma de un cartón conteniendo una salchicha bañada en salsa de tomate con algo de BBQ creo, espolvoreada con un polvo de curri y un pan al lado, es el famoso Curriwurzt. Delicia gastronómica, de la cual ya estoy obsesionado, en venta en los carritos de la calle y en todos los locales pequeños en estaciones y calles comerciales
El día anterior había logrado calmar un antojo de cinco años; comí do lo que ya es el hermano mayor del curriwurzt en la gastronomía callejera: el kebab.
Viene de Turquía pero su mejor presentación es la alemana; tiene todas las cernes menos cerdo, ahhh lo que se pierden los musulmanes, en fin. El rollo de carne que cortan es posible que sea de carnero y res, también hay uno más occidentalizado que trae pollo, si se hace con salsa picante queda aún mejor.
Por la noche me encuentro con Manuel y Cristina, viejos amigos provenientes de Munchen. Con ellos voy al siguiente día a Potsdam y al Palais de Sanssouci. Parque gigantesco con cuatro palacios del famosísimo Frederick (algún número romano) el grande, rey de los prusos, de la casa hanover y amante del color dorado.
El parque Sanssouci, traducido del francés, el parque sin preocupaciones, es tan grande que se encarga de crear las primeras ampollas del paseo. Aparte del palacio sanssouci, tiene una orangerie muy grande, orangerie que me permite resolver la duda que siempre me había carcomido los sesos y que nunca había tenido respuesta: ¿porque todas las ciudades francesas tienen una orangerie? Pues bien, esta vez la deducción dio como resultado que orangerie traducido de una forma no literal (naranjería o naranjal) nos da que es un hivernadero… ahhh para que los frutales del rey, príncipe, duque, conde o lo que sea, no se dañaran en invierno! (Por principio asumiremos que los frutales que trataban de proteger eran los mediterráneos que incluyen cómo no, las naranjas).

Faltaba una caminadita por lo que queda del muro de Berlín; está lleno de grafitis pero pocos de buena calidad.

 

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La torre

Berlin-20140509_044108Altes museum al lado del Dom

Berlin-20140509_045453Pergamon mueseum

Berlin-20140509_054755Gendarmenmarktz Platz

Berlin-20140509_055319Bar movil cervecero

Berlin-20140509_062904Checkpoint charlie

Berlin-20140509_070022El famoso Trabi, hecho de cartón

Berlin-20140509_075757 Panorama_01Potsdamer platz

Berlin-20140509_080919Monumento al holocausto

Berlin-20140509_083610Brandenburg Tor

Berlin-20140509_094954Bundestag

Berlin-20140509_100044Costanera por el rio Spree

Berlin-20140509_102917Ich liebe deutschland

Berlin-20140510_054437Lo que quedó de un edificio bombardeado por los ingleses

Berlin-20140510_060950Potsdam

Berlin-20140510_064419Palais Sanssouci

Berlin-20140510_071839Molino en el parque sanssouci

Berlin-20140510_080605L’orangerie

Berlin-20140510_083155Otro de los palacios

Berlin-20140510_084507Palacios caídos en desgracia

Berlin-20140510_131206_01La Brandenburg Tor de Potsdam

Berlin-20140510_224406_01Manuel, Cristina y yo

Berlin-20140511_043337Un edificio

Berlin-20140511_043738El muro de Berlín.