Camino de Santiago III

Los caminos

El camino francés es el más famoso. Este es recorrido por primíparos, devotos, turistas y gringos y chinos. Es plano, tiene muchas facilidades para el caminante (restaurantes, bares, mercaditos, hospedajes, etc) No se pasarán más de 5km sin encontrarse algo. El camino está en buen estado y muchísima gente lo recorre.

Cómodo restaurante al lado del camino

El camino del norte es el segundo en importancia aunque la cantidad de gente que lo recorre es un quinto del francés. Mayoritariamente es para alemanes y franceses. Deportistas y primíparos son sus usuarios, quienes en general no desean interactuar con mucha gente. No lo recorren devotos ni gringos. No posee muchas facilidades pero igual, cada 10km se puede encontrar al menos un café, aunque pueden haber trayectos en los que no hay nada en el medio así que desde el día anterior hay que mercar. Los paisajes son muy lindos y el camino en muchas ocasiones esta en mal estado, en otras no se puede llamar propiamente camino sino, en cambio, carretera, pues por asfalto se anda.

Caserío en el camino del norte

El mar cantábrico

El calzado

Vale la pena aclara que el asfalto es lo peor de lo peor, pues por ser tan duro y plano, y normalmente cada paso del caminante es exactamente igual al anterior; una receta perfecta para destrozar pies. Si, como fue el caso mío, las botas que se llevan son incómodas, se llegará al punto que con solo el primer paso en el asfalto, los pies comenzarán a doler de tal forma que cada kilometro habrá que detenerse para descansar. Estas botas lograron que los huesos de la planta del pie dolieran. Si. Los huesos por si solos dolían tremendamente, con el agravante que uno no se puede untar cremitas en los huesos y las pastillas de ibuprofeno, que es lo único que puede hacer uno en esos casos, no sirven para nada. Pasados cinco días de torturas con las botas, decidí hacer un paso de montaña con havaianas. Caminados 24km con ellas los  pies dijeron “no más”, se inflaron como balones y se hizo evidente que así no se podía seguir. Cómo habíamos llegado a Gijón, decidí enviar mis botas por correo y comprarme un par de zapatos más cómodos. ¡Si que lo eran! Pero tan bien eran nuevos, y eso es otro problema. Zapatos nuevos siempre implican ampollas.

¡La union hace la fuerza!

Boimil es un pueblo en Galicia. No tiene nada de especial que agregar a este relato a parte de ser el punto donde sucedió un trágico suceso. No fue de lo peorcito que pueda pasar, sin embargo lo recuerdo con horror.

Recomenzado el trayecto después de estrenar los zapatos en Gijón, una linda ampolla nació en mi pie. Saludable ella, creció y creció hasta colonizar media planta del pie; como quien dice, llegó para quedarse. Unos días después, mientras a esta ampolla le crecía una especie de cayo para proteger la piel bajo ella, a su lado nacieron dos ampollas más. Una más cerca de los dedos. La otra más cerca del puente. Después, vaya uno a saber cómo, una nueva ampolla apareció, esta vez bajo la grande y establecida ampolla, creando una mega ampolla de dos pisos con otras dos ampollas un poco más pequeñas como vecinas.

Vimos el letrero que decía Boimil, solo faltaban dos kilómetros para llegar. Ya habíamos caminado unos veintipico kilómetros y estábamos animados porque Boimil era nuestro destino. De pronto, el pie hizo pflshh. ¡Epa! ¡Qué es eso! me pregunté curioso. Este era un dolor nuevo, hasta ahora desconocido. Es más; ni siquiera sabía si era un dolor o lo que sentía era algún otro sentimiento que no sabía nombrar. Algo acuoso se movía entre los dedos del pie y la media. A cada paso, el pie hacía splash y me incomodaba un poco. Esto fue valido para los cinco primeros pasos. Después se hizo obvio que de hecho este nuevo sentimiento podría catalogarse como dolor, pues, acompañando al splash, venía unos punzones agudos, como si fueran muchas agujas perforando la planta del pie. Faltaban dos kilómetros y muy a mi pesar, me vi con un pie menos.

Ya se imaginarán, fueron unos muy largos dos kilómetros. A mi parecer, tres horas – en realidad algo menos – fue lo que nos tomó para llegar a nuestro destino. Allí, en procesos dolorosisímo me quité los zapatos. Lo que había sucedido se hizo evidente; las cuatro ampollas habían decidido formar un sola. Cómo reventaron la piel interior y se comunicaron entre ellas, eso lo ignoro, lo que si sé es que después de hacer esto, hicieron ¡pum! Explotaron. De ahí venía el splash: a cada paso, el liquido salía hace el exterior por el recién creado hueco.

Dolor y Espiritualidad.

El dolor no lleva a la espiritualidad. El hecho que mis ampollas se unieran en una sola, o que antes los huesos dolieran de forma intensa no hicieron que encontrara a dios ni que me encontrara a mi mismo. Habrá que informarle al lector que ninguna de ambas opciones se contaban como objetivo de viaje. El hecho de no querer encontrar a ninguna divinidad, ni buscarse a si mismo, no quiere decir que el viajero a-espiritual no sienta nada. Siente dolor, claro, porque cuando a uno en el camino le da un dolor, no quiere decir que con el tiempo este desvanezca o que uno se acostumbre a el. No. El dolor viene y duele, además, permanece y continúa doliendo al día siguiente. Pero el problema es que cada día viene con un nuevo dolor que también duele y permanece. Y así, de dolor en dolor, el caminante hace su camino. Cada nuevo dolor nace superponiéndose sobre el otro; potenciando otros dolores; tomándose toda la atención de su huésped para sí, o intermitentemente apareciendo cada vez que ha sido olvidado. El camino puede volverse una pasión, pero eso no llevará al caminante a ninguna espiritualidad. La verdad sea dicha, el camino de Santiago es de hecho un dolorosísimo ctrl + alt + supr mental. Es literalmente un borrado cerebral o si se quiere, un tratamiento detox mental. Después de unos 15 días el caminante – si pensara –, notaría que ya no piensa más. Los problemas ya no existen y la vida, aparte del horrible dolor de pies, es fácil. Solo hay un objetivo cada día: caminar para el frente. Solo hay un problema: cuantos kilómetros faltan. Solo hay un cálculo mental: cual es mi promedio de kilómetros por horas y cuantos kilómetros tengo que caminar. A que horas llego. Esta es la espiritualidad peregrina. Cuando tu mayor problema es tan simple y tu cerebro está siendo utilizado únicamente en cálculos básicos de promedio. El cerebro se resetea y los problemas dejados en la ciudad se van olvidando uno a uno. Así, de repente, el nervioso de antaño, se ve al día 20 como el más calmado y relajado ser humano de la tierra; un ser sin problemas.

En un mundo de estrés y nervios, la calma y la despreocupación es un privilegio. Algunos – los que nos son religiosos – llaman a esto espiritualidad o encontrarse a si mismo. Yo prefiero reseteo mental. Sigo sin saber que hacer con mi vida, pero no me importa, y no me importa porque no pienso en ello; es más, no pienso en lo absoluto.
Cómo nota al margen, después de tres semanas desintoxicando la cabeza, solo se necesitó un día de trabajo para toxicarla de nuevo… la vida es cruel.

Linda panorámica cerca a Aviles

Cudillero

Soto de Luiña

Un amigo del camino

La infaltable flechita

Vacas al lado del mar

Lluarca

Caserío de Asturias

Camino sobre la quebrada

Playa

 

Camino de Santiago – Peregrinos

En el post anterior había insinuado que nosotros éramos de lo peorcito que el estatus peregrino podía tener, o, al menos eso creíamos, hasta que nos juntamos con el camino francés y allí encontramos a los gringos. No vale la pena mencionar – pero lo hago – que a partir del momento nuestro status subió a cotas heroicas y por fin tuvimos personajes frente a nosotros a los cuales podíamos ver por encima del hombro, envueltos por nuestro nuevo aire de superioridad moral peregrinística. Ahora bien, para clarificar bien en qué categoría entrábamos nosotros debré primero mencionarlas todas.

En primerísimo lugar se encuentra el peregrino experto. Este personaje es el verdadero, único, puro y auténtico peregrino pues ya se ha hecho mínimo tres caminos, nunca se hospeda en hostales o pensiones, solo en los albergues públicos. Lleva su comida consigo y cocina todas la noches. Se siente orgulloso de gastar solo 10 euros al día, tiene todo el tiempo del mundo, y, si acaso tiene problemas físicos, se quedará en un mismo pueblo por tres o cuatro días pero, jamás de los jamases tomará un bus.

Peregrino que hizo el camino en 2013 y al parecer le gustó

El peregrino primíparo. A duras puede caminar, pues no le caben las ampollas en sus pies. Después de tres kilómetros ya está cansado y cojea, desde que empieza, hasta que termina el día; sus días no son baratos y no se encuentra a gusto en ningún lugar. Si duerme en un albergue se siente orgulloso por lo poco que pagó pero no soporta la suciedad e incomodidad. Si se queda en una pension, se alegra por la comodidad, pero se siente mal por haber traicionado el credo peregrino. Ya se ha comprado la conchita y las flechas amarillas que ha bordado en el exterior de su mochila, la cual, grande y nueva, está preparada para el armaguedón. Todo lo que posee en su interior es nuevo y de marca.

Con amigos del camino, Francesco y Andrea

Peregrino devoto. Es espiritual; ha llegado al camino para encontrarse a si mismo, para rezar (si ya ha encontrado a dios) o para agradecerle al altísimo por haberle curado de alguna enfermedad o para pedirle por el alma de su hermana, hija o familiar difunta en penosa enfermedad o trágico accidente. Tiene bordado en su mochila los símbolos religiosos del camino y va dejando fotos del santo, la virgen o su familiar muerto, con mensajitos escritos a mano. A este peregrino, al parecer, solo le gusta el camino francés.

Vírgenes y fotos de familiares

Deportista – Minimalista. Casi siempre aleman, este peregrino es un autentico masoquista; se camina unos 40 kilómetros diarios y cuando hace cincuenta, orgulloso, se encarga de restregárselo en la cara a quien ose quejarse de dolores. Su mochila es diminuta y solo contiene una muda. Todo su recorrido está debidamente registrado en Strava. A las 6am ya está caminando. A las 8pm ya está en su cama dormido. Su máxima aspiración y motivo de orgullo es hacer todo el camino en 20 días.

No hay fotos de los deportistas, pasan muy rápido, pero aquí dejo los tenis que dejan como ofrenda

El turista. Su paseo dura entre una y dos semanas. Cada día le vale una fortuna pues come en restaurantes, se queda en hoteles o pensiones. Su mochila es gigantesca y está cargada de souvenirs que compra cada día pero eso no es un problema: la mochila es transportada cada día a su próximo destino por alguna compañía dedicada a ello. La ha contratado desde antes de partir. Camina poco y cuando se cansa toma un taxi. Cuando vuelve a casa contará la historia de viaje a sus amigos, coloreada de tintes heroicos, que distará bastante de la verdadera.

Mini van que lleva mochilas y bicicletas

El gringo y el chino. Contrata un paquete de ocho días con todo incluido y viaja en grupo. Comienza a 100 kilómetros de Compostela, justo para recibir el diploma del peregrino. Va con su pasaporte de tienda en tienda para llenarlo de estampitas. Obviamente alguna compañía lleva su mochila. Cada dos pasos se toma una selfie y, si entrenó mucho hará su trayecto en poco tiempo, y, si no, tomará cada día un taxi una vez tenga las dos estampitas reglamentarías. Su mayor orgullo es ver su credencial del peregrino llena de estampitas y recibir su diploma.

Gringos de paseo

Estampitas y souvenirs

Nosotros, por andar en el camino del norte, es decir, el de los alemanes deportistas, nos encontrábamos más o menos entre la categoría de los primíparos y los turistas. Nos quejábamos y estábamos cansados desde el kilómetro cinco (yo). Los pies estaban destrozados y cuando habían distancias largas, booking ya tenía su reserva hecha. Cuando los pies no me permitieron dar un paso más, bus o hitch hicking se hizo (pero con vergüenza). Al principio hicimos muchas fotos, después nos dio pereza. No nos interesó el diploma del peregrino, y el pasaporte solo lo usamos para podernos quedar en los albergues públicos. Los peregrinos expertos nos veían demasiado turistas. Los primíparos nos encontraban demasiado cómodos. Los deportistas nos consideraban muy flojos. Los turistas nos veían demasiado sucios y afortunadamente nos salvamos de ser considerados light, plásticos y vacíos, pues no nos encontramos con peregrinos devotos. Los gringos y los chinos solo los vimos en los últimos 100km así que el trato con ellos fue nulo. Ni idea como nos consideraban.

Nosotros en cambio nos sentíamos todos unos heroes deportivos cuando caminábamos más de 30km. Nos juzgábamos turistas gringos y nos daba vergüenza cuando solo avanzábamos 18. Nos creíamos súper expertos cuando el día salía barato y nos quedábamos en un albergue público. Nos sentíamos unos traidores, peregrinos de baja calidad, cuando dormíamos en pensiones y desaparecíamos nuestros euros en unos buenos vermouth. Nos sentíamos devotos si pasábamos una hora sin hablar. Durante casi todo el camino nos considerábamos y creíamos que nos consideraban bastante flojos y cómodos hasta que nuestro camino norteño se cruzó con el francés y pudimos apreciar a los gringos y chinos en acción. Ahí, nuestro estatus subió y pudimos por fin mirar a otros por encima del hombro.

Casi todos los peregrinos primíparos hacen trampa en algún momento, sea por cansancio, problemas físicos o hartazgo. Hay otros que se toman muy en serio eso de caminar y juzgan duramente a quien sea que haga trampa. Pero bueno, cada cual hace su viaje como buenamente pueda. Lo que es seguro es que uno juzgará a los demás tan intensamente como es juzgado, sin embargo, con trampa y todo, el camino implica un esfuerzo físico alto que dejará marcas en los pies durante varias semanas y las marcas de la cabeza quien sabe cuanto tiempo durarán.

 

Orgullosa bajo la lluvia

No tan orgullosos después de caminar 5km

Mensajes super profundos que dejan los peregrinos espirituales

Típico albergue público de galicia

Almuerzo de restaurante de cacerío

Nutritivo almuerzo para los trayectos sin cafés ni restaurantes

Camino del Norte: Paisajes de Cantabria y Asturias

Salt Lake City

Vuelve la bitácora a viajar. Al parecer la lógica imperante en lo que respecta a las rutas a escoger esta vez no se cumplió. Por cuestiones económicas, el viaje a Salt Lake city fue hecho en tres tandas, las cuales requirieron tres vuelos retrasados, un montón de paciencia y otra tanto de estrés. El vuelo original salía de Medellín rumbo a Fort Lauderdale a las cálidas doce de la noche pero, por cuenta de vaya uno a saber qué, terminó despegando a las también cálidas dos de la mañana. Allá, debí pasar por los 5000 escáneres de seguridad para esperar en una sala común y silvestre el vuelo hacia New York. Salí en otro vuelo retrasado hacia la famosa metrópoli pero en mi cabeza consideraba que todavía tenía tiempo para dar una visitica a la ciudad mientras hacía tiempo para el vuelo a Salt Lake. Pues resulta que alguien se suicidó/se dañó el tren que volvía a Jamaica, la estación del aeropuerto. ¡Quien dijo estrés! Después de mil cambios de lineas de metro logré llegar a tiempo para tomar el último vuelo. La ruta entera se llevó, desde José María Córdoba hasta Salt Lake City, 25 horas; de las cuales las últimas 4 comencé a delirar (se me fue la mano con el solpidem). Tanto, que en algún momento le confirmé segurísimo a mi vecina que ya habíamos pasado con el avión sobre el destino y que íbamos a dar una vuelta para aterrizar; al parecer mi mente ya había decidido como era la ciudad que no conocía y en mi estado de medio zombie se apareció ante mis ojos hasta en sus más mínimos detalles; cuando lo más seguro era que se trataba de algún pueblito gringo. La vuelta duró dos horas más y a donde aterrizamos no tenía nada que ver con lo que yo tanto juraba era mi destino.

En Salt Lake no hay mucho para ver. Esta ciudad es una urbe que podrá ser calificada como típica de su país. Su mayor atractivo es el vaticano de los mormones, acá llamados LDS, no confundir con la droga, es Last Day Saints, los santos del ultimo día, y su grácia consiste en que su doctrina está basada en un tercer testamento del cristianismo que en vez de aparecer por las palestinas como todos los testamentos cristianos, este apareció, así, como de milagro, en Nueva York. El testamento cuenta la historia en un tal Nephi, de época bíblica, quien junto con sus 4 hermanos descubre la verdad. Ellos son israelitas pero obvio, para ser una épica profética, deben ser expulsados de Jerusalem, y así, tal cual, sucede. En el camino a un mejor sitio donde asentarse, de los cuatro hermanos solo Nephi continua viviendo bajo las directrices de la verdad revelada; en cambio, sus hermanos no. Por lo tanto el y sus descendientes son los elegidos, los Nephitas, de piel blanca y los otros, los más oscuritos, son los excluidos, los deselegidos (Lamanitas). En fin, de tanto viajar Nephi y su grupo terminan en suramerica, más exactamente centro america donde los elegidos conviven con indigenas Lamanitas, quienes no tienen nada que ver con los mayas sino que son descendientes de los judíos, y habitan en una ciudad con arquitectura griega – me atiendo a lo que vi representado en centro de convenciones – la cual al final fue destruida por un terremoto que había sido profetizado por Nephi.

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En algún momento de la historia los deselegidos Lamanitas tienen una guerra con los elegidos y pierden. Como los Nephitas son tan buenos (righteous), se abstienen de masacrarlos. Después, por cualquier otro motivo, tienen una segunda guerra pero en ésta los originales Lamanitas que no habían sido masacrados se niegan a pelear y sus respectivos hijos pelean por la causa de los elegidos… en cuatro años de guerra no muere ninguno de ellos. Al final no sé porqué se extinguen pero Mormón, un apóstol, en su lecho de muerte deja los mandamientos nephitas a su hijo Moroni, quien es el último de la estirpe. Estos mandamientos venían escritos en unas hojas de oro que pasaban 30 kilos con todo su contenido escrito en hebreo y en jeroglíficos egipcios, no me pregunten por qué. En fin,  Johseph Smith, un newyorkino, dudando entre convertirse protestante o católico, es iluminado por dios que le dice que no debe escoger sino inventarse su propia versión. Encuentra en un bosque los mandamientos nephitas y los traduce al inglés, aunque nunca pasó de tercero de primaria. Por lo tanto, él, quien es el nuevo elegido, comienza a profetizar la nueva verdad. Como 30 kilos de oro es algo bien apetecido aquí, allá y en cualquier parte, el espíritu de Nephi, o dios, los desaparece, aunque hay ocho personas que juran y rejuran que sí existieron. En fin, este Joseph arma su religion con doce apóstoles y todo, y es expulsado de New York rememorando las faenas de los judíos en palestina. Se pasan a otro estado, de allí son echados de nuevo, se van al siguiente estado y así, entre expulsiones y nuevos reasentamientos terminan en Utah, donde fundan a Sión y se establece el vaticano de ellos.

Al igual que los musulmanes con la Meca, los mormones de todo el mundo deben ir a Salt Lake en una peregrinación-misión para… no tengo idea, normalmente se hacen misiones religiosas donde hay que evangelizar, aquí, al contrario, los ya envagelizados van a Salt Lake a… todavía no se qué… de pronto encontrar la verdad.

En fin, el vatimormón es gigantesco. Realmente grande e imponente, parece un bunquer. Andaba yo por ahí turisteando cuando pasé por el Conference Center, donde hacen conferencias anuales doctrinarias, cuando me dieron ganas de mear. El tour era gratis y fijo ahí había un baño. Fue la meada mas contenida del mundo… con un guía acompañándome y contándome toda la historia de Nephi, mas datos arquitectónicos del teatro gigantesco (es para 21.000 personas sentadas en cómodas sillas de cuero, sin columnas que sostienen el techo, construido con una estructura traída de Bélgica y con equipos de iluminación y acústicos de ultima generación) me demoré como una hora de relatos antes de poder devolver al mundo la botellita de agua que tres horas antes me había tomado. Al lado mío mientras me relataban cuadro por cuadro, apóstol por apóstol pasó otra guía hablando en español y llevando a una mexicana a mil por todo el edificio. Me dio una envidia enorme, eso me pasa por hablar inglés y hacer cara de interesado. En fin, cuando me lea la bíblia mormona, the book of mormon, que ya bajé al kindle, les relato bien la historia, por el momento confórmense con esto.

Acá los dejo con fotos de Salt Lake City

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Edificio de los mormones (todo el centro de verdad es de ellos)

 

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Callecita en el centro

 

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Tabernáculo con misioneros de todo el mundo

 

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#hallelujah, hashtag para twitter religioso

 

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Centro de conferencias

 

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El templo principal de los mormones

 

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El templo con el tabernáculo al lado

 

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Otra perspectiva del templo

 

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Y otra… notar las escaleritas de ingreso

 

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El órgano del tabernáculo. Contiene la bobadita de 11,623 tubos, 147 tonos y otro montón de cosas que un par de manos musicales nunca podrán tocar a plenitud

 

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Grabados religiosos que se parecen a los cosmonáuticos rusos

 

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El centro de conferencias

 

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El centro de conferencias

 

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Teatro dentro del centro de conferencias, con 21.000 asientos y ni una sola columna sosteniendo al techo

 

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el órgano del centro de conferencias también es exageradisimo de grande

 

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Reflejos debajo de una fuente en el conference center

 

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La foto de los nephitas israelitas ojiazules con los indios Lamanitas y las ruinas en guatemala, griegas.

 

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Mas del teatro

 

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Solo una cuadra después del centro

 

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Vista desde el techo del conference center

 

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El valle de Salt Lake que de verdad se llama Great Basin

 

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El típico centro comercial centrico y verdadero corazón de la ciudad

 

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Arboles otoñales

 

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Palomas

 

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Otro centro comercial en el centro

 

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Policías y bomberos evangelizando niños sobre sus oficios