El cráter de Ngorongoro

Cómo en las últimas entradas no conté nada útil para un lector, en este, a modo de resumen pictográfico, explicare en que consiste un safari.

De entrada empezamos con el dato curioso: safari en swahili significa viaje. Nada más. Así pues, para hacer un viaje en África, lo primero que se necesita es un Land Rover – o una Toyota si vamos al caso –, esto porque los viajes deben hacerse por tierra, las vías son malas y lo más importante: ¡cómo difícil ver a un león o a un pequeño jabalí desde una avioneta!

En fin, el turista se mete en el Land Rover , y está todo el día en una trocha mirando animales en alguna reserva natural. El paseo en sí, no es idílico como la entonación de su nombre a veces emula; es más bien monótono, incómodo y cansador.

Land Rover marca Toyota donde se pasa el día entero

Cada parque tiene su animal famoso, un león muy grande, como el que mató el gringo en Zimbabue, un último espécimen de su especie (un oso polar lampiño o que sé yo) ó, como en el caso del Ngorongoro, el parque que nos compete, el animal más importante era el rinoceronte negro.

Quedan más bien poquitos, tan pocos que todos están registrados; cada uno posee su rastreador satelital, y, todos los existentes en el planeta tierra caben tabulados en un archivo de excel con máximo 500 celdas.

No lo predijo Darwin, ni fue un propósito explícito de la pacha mama pero, al parecer, el único motivo por el cual este animal pudo transmitir su código genético de generación en generación, fue la posibilidad de qué, cuando existiesen humanos, a estos se les parase la verga con su divina sangre. Aclaro que la sangre de los humanos si es la que iza las vergas cuando por sus vasos transita, pero solo lo hace después de la ingesta de la del rinoceronte negro. Mejor dicho, el pobre animal fue catalogado como afrodisiacos y ese fue el acabose en su carrera evolutiva. No fueron los gringos ni los ingleses deseando una cabeza suya para decorar nobles salones, no señores, fueron los africanos cachondos los que acabaron con ellos, (y los árabes, a los que les gustaban las empuñaduras de sus dagas hechas con el cuerno del rinoceronte).

El rinoceronte negro

Volvemos entonces al Ngorongoro y su rinoceronte negro. Pues bien, cómo cada parque tiene su animal famoso y el del Ngorongoro es el rinoceronte y, de estos hay más bien pocos, el primer objetivo del guía experto y al mismo tiempo conductor del Land Rover, es encontrar a este animal (así los turistas solo quieran ver a los leones, o en el caso mío, las hienas). Entonces, en el primer mirador, donde se ve el cráter en toda su extensión, el guía muy contento nos señala un punto (un punto negro en nuestros ojos, un pixel en la cámara) y afirma orgulloso: – Ese es un rinoceronte negro; es bien posible que sea el único que vean en su vida.

¡Ahí está!

Es el pixel más negro

Pasada la emoción de ver una diminuta mancha negra en el horizonte y asumir que ese punto es uno entre… <–– esperen yo googleo ––> …40 animales que quedan en la reserva, incluyendo al Serengueti, ¡la sabana de todos los documentales! Nos montamos en el carro bajamos al cráter, vemos los leones, a Pumba y su familia, cebras, elefantes, mis hienas, hipopotamos, gacelas, en fin, un poco de todo. (ver fotos al final del post)

De pronto… nuestro Land Rover sale a mil por la trocha. Es de notar que todos los guías se conocen y continuamente se comunican por radio contándose donde están los animales que ellos saben los turistas quieren ver más (leones; o algún león comiéndose una cebra; o algún león comiéndose a su novia; o león hacien… en fin, leones ). Los guías son de Tanzania, y lo único que quieren de los turistas es una jugosa propina en dólares. La forma más fácil de obtenerla es que su turista llene la memoria de su cámara con fotos de los leones y cualquier otro animal que esté en el parque. En fin, por radio le informar que hay un rinoceronte, nuestro Land Rover (como lo ven en las fotos es un Toyota pero yo sigo diciendo Land Rover… vaya uno a saber por qué) sale disparado por el Ngorongoro.

Carrera contrareloj

En el horizonte se ve la polvareda que levantan mucho más Land Rovers dirigiéndose al mismo punto. Los guardianes del parque bloquean la carretera y pum! Cómo por arte de magia, cien carros se compactan entre si, con turistas cada cual con una cámara más grande que la otra, todos dirigiendo su mirada a un punto negro en el horizonte. Al lado hay unas hienas y unas cebras que son golpeadas con el látigo… ¡cual látigo! ¡los látigos de la indiferencia! ¡porque son muchas las personas que ignoran a estos animales pavoneándose al frente de los lentes, los cuales no obturan en ellos su diafragma ni una sola vez! Todo está dirigido a este punto negro, que según dicen viene hacia acá.

Embotellamiento safarístico

Selfie a la espera del punto negro

El punto negro

El punto se acerca lentísimo. Aparece en el horizonte un rinoceronte reconocible. ¡Hasta tiene cuerno! Eso se ve una vez tomada la foto y revisarla con muy buen zoom. El animal cruza la carretera con su lento paso y se pierde en el horizonte. Durante este transe, él, ignorante, ha decidido el futuro de muchas almas: entre estos cien carros, con promedio de 4 personas en cada uno, es decir, 400 personas están destinadas a perder, por lo menos unas seis horas de sus vidas, clasificando unos diez gigabytes de fotografías con un punto negro, y deberán decidir cual de todos ellos es el que se parece más a un rinoceronte.

Listos para el punto negro

Rinonegro con el máximo zoom

Se va la estrella del día

Últimas fotos

Perdido el rinoceronte en el horizonte, e informados todos de que tan lucky we were de haber visto tan raro animal; esto apoyado de estadísticas y confesiones sobre lo alegre que está porque lo pudimos ver (nos está carameleando para su propina). Perdido el animal, perdido el interés… se hace el resto del safari pensando en el hotel y la cerveza… ya los leones pueden copular en trio si así lo desean, serán ignorados; los turistas están cansados, las cámaras están que vomitan sus memorias de la llenura, los culos duelen, el calor pasa la factura y el guía ya garantizó su propina. – Les parece si nos vamos –, pregunta tímido. – ¡Claro! –, responden todos al unísono.

Fotos de otros animales…

Tenebrosos Maasais 

El pueblo Maasai del cual ningún turista sale sin vaciar su billetera

Ñú y cebra

Hiena

Cebras bloqueacaminos

Ñús ignorando al fotografo

Pixel anaranjado… león

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Lago Manyara

Lo llaman Vervet, es un mico, mono para otros españoles más internacionales que el regional paisa. Vervet, pasa su día buscando a su Verveta; al igual que todos los demás animales, no tiene nada más para hacer una vez su estómago se encuentra saciado. La sabana donde habita es grande, aunque encontrar Vervetas no es un problema para él; su verdadero inconveniente es hacer que alguna de esas Vervetas se digne a mirarlo, se acerque, haga con él alguna de estas danzas formales, ceremonias previas a la cópula que, pasadas con buena nota, lo lleven a aparearse, transmitir sus genes a la próxima generación, aumentar la demografía de la especie y… no vamos a continuar, lo único que le preocupa a Vervet es copular con desenfreno y, cómo no tiene fémina en su poder, su primer objetivo es encontrarla.

Cómo se imaginarán Vervets hay muchos, Vervetas también, así que la competencia es ardua. La única forma que tiene Vervet para conseguir compañera de cópula es mostrar su mercancía, bueno, eso lo hacen todos los animales; vienen al mundo en pelota y así se quedan. Así pues, si Vervet quiere mostrale a la Vervetas que es lo que está en venta, debe esforzarse para mejorar la presentación de su activo más preciado.

No conocemos que Vervet debe hacer para mejorar su producto, adivinando, así, a la loca, diré que requiere saltar de una rama y abrir las dos patas cuando la gravedad produzca su efecto, admirar el efecto y ofrecerlo al mundo tal cual.

Tse Tse, no es el tátara tátara vástago de Mao Tse Tung, no señores, aquí tratamos sobre Tse Tse, el originario de Mto Wa Mbu. De una vez dejo constancia que no hablamos de chinos. No, no, no. Nuestros personajes son todos de África, dónde nos encontramos – excepto Mao, ese si es chino –. En fin, Mto Wa Mbu se traduce al inglés, Mosquito Town, en español diremos que no es nada mas ni nada menos que un Mosquero, literal y metafóricamente hablando. En fin, de Tse Tse, por vivir en Mosquero, podemos inferir que es una mosca, y sí, sí que lo es, es la famosísima mosca tse tse, la del sueño! Si te pican más de 2000 veces, te da sueño y ¡cataplúm!, privado en el lecho del lago caerás. Digo lago porque al pie de Mosquero está el lago Manyara, el mismo del título de esta entrada. En este lago, aparte de moscos y animales, también vivien los Maasai con sus animales, no salvajes como los del lago, sino domésticos, cómo los conocemos. Bueno, la forma con que los Maasai protejen a su ganado de la infinidad de moscos es poniendo trapos azules impregnados con veneno bajo los árboles donde las vacas pararían a refrescarse del incandescente e incansable sol africano. Al parecer a Tse Tse le gusta el color azul.

Los trapos de los Maasai

Cadaver de una mosca Tse Tse

¿Azul? ¿Dije azul? ¿Qué me recuerda? ¡Ah! ¡Las joyas de la corona! Venga, preguntémonos: ¿es Tse Tse útil para Vervet? ¿Es Vervet útil para Tse Tse?

A la segunda pregunta podemos afirmar que sí. Claro. Mientras las mantas azules de los Maasai están súper impregnadas de veneno, las tiernas joyas de Vervet tienen nutritiva sangre. Es decir alimentan, no matan y de remate desvían de la muerte a Tse Tse.

Ahora bien, abordando la primera pregunta: ¿es Tse Tse útil para Vervet? Sin mucho conocimiento de causa me atreveré a decir que sí. Asumo que el proceso debe ser de lo más molesto; a nadie le gusta que le piquen los moscos las joyas, pero, digamos, éstas deben estar anestesiadas por el dolor: si no recuerdan el autor de este blog decidió que semejante coloración bolarea solo podía conseguirse confrontando la gravedad patiabierto con una rama como objetivo final. Así pues, tanto dolor adquirido para pigmentar joyas, es posible que ponga en una segundo lugar la rasquiña obtenida por las picaduras de Tse Tse. El efecto positivo, es que con varias picaduras, la mercancía de Vervet, tendrá solo la opción de hincharse, cosa que para nosotros sería trágico, pero cuando hablamos que esta es la forma de atraer féminas, pues bien. Vervet boligrande y boliazul podrá ganarle a la competencia y atraer para sí alguna Verveta bien cachonda. La pregunta que dejamos en el aire para terminar esta entrada es: ¿Un Vervet reventado por el dolor, con escozor por las moscas, más posiblemente infectado de la enfermedad del sueño, podrá disfrutar de una cópula desenfrenada que tan arduamente buscó?

Elefante

Micos

Gacelas

Arbol con nidos

Bufalos

Zebras

Jirafas

Micos muertos del aburrimiento

Nuevo Viaje

Situados en el aeropuerto de Munich, alemán en teoría – y práctica – pero aparentemente diseñado y construido por uno de esos contratistas colombianos de los que tanto nos enorgullecemos, nos encontramos de pronto como el extremo inferior del promedio, el que reduce en número estadístico, es decir, el que rejuvenece la media si habláramos de un promedio de edad ­– para ser honestos con el lector, de eso hablamos – , en fin, nos encontramos en un aeropuerto alemán increíblemente mal diseñado y nosotros, no tan jóvenes ahora, con canas en la barba y primeras arruguitas en el rostro, nos vemos como infantes si somos contrastados con quienes nos rodean. Vamos en un gerontoavión – aeronave geriátrica – no el aparato, parece moderno, los ocupantes, claro, esos son los que convierten un modernísimo Boeing o Airbus – son como lo mismo –, en un vejestorio volante.

Antes de que me griten – ¡Gerontofobo! –, debo hacer notar que la razón por la cual este es el tema a tratar, y no otra cosa relativa a viajes tal como los tiene acostumbrado este blog de viajes, es básicamente debido al ingreso a la nave. A la llamada por los altavoces aeroportuarios del ingreso de nuestro vuelo por la puerta, digamos 43, y a que la gente como siempre lo hace se amontone frente a esa puerta, resultó que la espera se demoró media hora debido a la sorprendente cantidad de sillas de ruedas. A juzgar por los ocupantes, estos no son cómo los obesos gringos que toman las sillas de ruedas para saltarse las filas, no señor, estos ocupantes, muy legítimos, con el último suspiro de vida que aún les queda en el cuerpo se aferran a sus sillones rolantes para ingresar al avión que les llevará hacia el muy posible último destino vacacional de sus días. Los funcionarios del avión no saben muy buen como organizar y meter por el pasillo semejante embotellamiento de sillas de ruedas con pacientes sin fuerzas para moverlas. Necesitan llamar una batería de personajes que muy probablemente se encontraban en el otro extremo del muy mal diseñado aeropuerto a juzgar por el tiempo que les tomó llegar a la gate. Así pues, pasó media hora de labores acrobáticas para ingresar sillas de ruedas al avión y sacarlas de nuevo para que los cansados pasajeros, todos de pelo blanco, pudieran ingresar al avión.

Ya adentro pasan razonamientos que más o menos dicen: si en sentido contrario, es decir, un avión lleno de niños alguno de ellos vomitase, ¿que pasaría? ¡Obvio! ¡Contagio universal! ¡En cinco minutos se verían niños devolviendo al mundo hasta el almuerzo del día anterior! Ahora la pregunta del momento: ¿Que pasaría si de pronto a uno de estos pasajeros le diera por tener un sonoro ataque a su miocardio? Solo se me ocurre pensar que, por cuenta de las respuestas que esa pregunta concede, saldríamos en el noticiero en algún destino diferente al que tenemos planeado ir.

En fin cómo esto escribo y anexo fotos de mar, animalitos y personas, en vez de cadáveres cubiertos por sábanas blancas y fotógrafos, podemos inferir que todos llegamos a nuestro destino; los unos para sus últimas vacaciones en el plano terrenal y los otros, dos para ser exactos, los que impunemente bajaron el promedio de primaveras dispuestos en esa aeronave, llegaron para pasar unas merecidas vacaciones. Por eso, este blog inaugura un nuevo país: ¡Tanzania!

Ya en otros posts vendrá en detalle.

Stone Town, Zanzibar

Pwan Mchangani, Zanzibar

Mnemba, Zanzibar

Tallando ebano, Karatu

Karatu

Elefante, Lake Manyara

Zebras, Lake Manyara

Maasais

El Ñú, Ngorongoro

Una linda hiena, Ngorongoro