Antelope Island & Surroundings

El nombre del título debería estar al revés pues el último paseo durante mi estadía en este país fue primero en los alrededores y después, en el salt lake de salt lake que al parecer nadie visita. En fin, para hacer este post corto, arriba del parlamento de Utah, siempre llamado capitol hill, que es indéntico a todos los parlamentos gringos, se encuentra un mirador muy bueno, claro, si la contaminación dejara ver el horizonte aunque fuera un poquito; solo sale en la foto el mismísimo parlamento rodeado de una estela grisacea y ya! Si se continúa por la carretera se puede encontrar un trail de trecking y siguiéndolo como bien se pueda (es lisísimo), o esquivándolo y subiéndose directamente por la colina, se llega a un mirador mucho mejor ubicado, de nombre ensign peak, donde se puede ver el mismísimo parlamento rodeado de la misma nube gris pero. Si el día fuera bueno, se podría ver hasta el salt lake.
En el salt lake hay una isla llamada Antelope, queda a una horita en carro y es un parque natural conectado con el continente por medio de un puente. La isla tiene unas montañas no muy altas pero, por ser invierno esta época, estan bastante nevadas, muy bonitas y muy fotogénicas. El lago, tan salado como el mar muerto, sin pescadores (pues al parecer no hay pescados) y por estos días hecho todo un bloque de hielo, porque ese cuento de que la sal no congela… es verdadero, hasta que los menos del termómetro son verdaderos menos, algo así como menos veinte o algo así, y ahí sí se congela el lago salado y la isla, rodeada de un mar de hielo se ve lo mas de titina. Aclaro pues que el lago entero no se congela, solo una parte, porque el laguito mide la bobadita de 75 kilómetros de largo. Tanta agua salada solo se congela en siberia, la antartida o el artico. Volviendo a la isla, lo que pudimos ver en ella parte de las montañas nevadas y el mar de hielo que las rodeaba era unos animales que yo creía extintos y que ya informado de su existencia me han dicho que también se encuentran en Yellowstone, los bisontes. La isla esta llena de bisontes y ningún antílope, se debería llamar la bison island o algo parecido, le saldría mejor. Tiene unos cien bisontes muy calmados que lo dejan a uno acercarse sin ningún problema. Son bonitos y grandes y… ya no se me ocurre nada mas que decir, son simplemente unas vacas muy grandes, peludas y por la cuales uno siente una atracción ineludible de coger el celular o la cámara que tenga en mano y empiece a tomarle fotos .
Aquí se las pongo…

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Lindo cielo de Salt Lake City

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Humor negro

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El Ensign Peak

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Salt Lake Lake

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Bisontes

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Antelope Island

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The Island

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Las montañitas y más bisontes

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Vegetación invernal (la veraniega es parecida pero sin nieve)

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La montaña de la isla de nuevo

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El Salt Lake muy congeladito

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Moab

Llegó el turno en este blog para Moab, el paraíso de los ciclistas en el que no monté en bicicleta. Habrá que hacer notar a los lectores del blog que primero, en esta época del año por estos lares hace bastante frío y segundo, no tengo bicicleta. Dicho esto, el paseo por Moab necesitó de un carro y dos patas. El carro es obligatorio, pues en este país si no se anda en carro literalmente nada se puede hacer. Con este cruzamos desde el cañón del colorado todas las reservaciones navajas, apaches y hasta la capital indígena del norte conocimos, un pueblito llamado Tuba, nada especial. En fin, atravesamos durante un día entero media Arizona y todo el desierto de Utah hasta que por los lados nevados y parques naturales empezaron a decorar el horizonte. Los desiertos muy lindos; las montañas también. Llegados a Moab nos vimos obligados a seguir el cañón del colorado hasta llegar a nuestro sitio de dormida, justo a la orilla de este famoso río. Vale la pena aclarar que de corriente pocón, pocón y de caudal más bien mediocrecito. El río como tal no tiene ninguna importancia aparte de ser el único cauce de agua (así sea poquita) que atraviesa todo el medio oeste gringo. Ah, hablando de gringos: ya sé de donde viene la palabra gringo. Durante la guerra entre México y USA, los americanos llevaban ropa verde y cuando cargaban contra los mexicanos se animaban entre si gritando a todo pulmón “Green, Go!”
Pasado el importantísimo dato, volvemos al carro y lo dejamos en un parqueadero al lado de la carretera dentro del Arches park y de ahí comenzamos a andar en dos patas como anteriormente se había mencionado. La tracción propia nos lleva por unos caminitos fáciles dentro del parque que aunque nevados, no son resbaladizos como los de Zion. Caminamos sobre arena rojiza limitada por los lados por nieve. Visitados los primeros arcos, continuamos la caminada y ahí la cosa comienza a ascender. Aquí no diremos que la subida es continua y bien trazada, de hecho hay que subirse por unas rocas hacia una especie de punto alto en el que el suelo se caracteriza por estar completamente congelado y para tristeza del hombre de las suelas planas, llena de hielo resbaladizo. En fin al final era dificilísimo caminar, arrastrarse en cuatro patas, medio escalar, el hielo hacía el moverse toda una autentica proeza.
Llegados a los arcos dobles, media vuelta y para el carro otra vez. La verdad es que esta es una frase muy corta para todas las horas que nos tocó caminar hasta poder ver el carro de nuevo.

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Lindos cielos que hace mucho no veía

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Otra parecida

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El río colorado

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Carretera paralela al río y vecina de los famosos arches

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Más del río colorado

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Parque de Arches

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Chinos tomando fotos

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El desierto cuando esta nevado

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Uno de los arcos

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Bambi buscando a su mamá

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Caminito en el desierto

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La roca que filtra turistas… los pocos que suben tienen el placer de ver lo mejor

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Paisaje desde arriba

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Más desde arriba

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Chinos tomándose fotos

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Dos conejos

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Camino congelado. Muy difícil para caminar

Grand Canyon

Cómo a nadie le cayó un pedazo de hielo en la cabeza y ningún perro murió por nuestros alrededores pues del gran cañón queda poco que contar aparte de describir su mismísimo nombre (que de hecho ya lo hace por nosotros), es grande, es cañón y el río que pasa por la mitad es el Colorado. Nombre apropiado para un río que tiene la característica de ser turbio y esto es porque… lava todo un desierto; obviamente aguas cristalinas por acá no se verán.

Para ir al famoso cañón se debe ir a un pueblo llamado Williams que tuvo, en nuestro caso, la particularidad de encontrarse completamente lleno y no poseía ningún lugar donde dormir. ¡Al cabo que ni queríamos! En fin, de noche y cansados (salimos tardísimo de Las Vegas) continuamos nuestro camino a un pueblito intermedio entre el gran cañón y Williams, llamado Valle, el cual, después de numerosos intentos y preguntas, supimos que se pronunciaba vallée, como en el francés, pero con tono atrancado de cowboy. Sabíamos por cuenta de google que este pueblo poseía tres sitios donde dormir; uno caro, uno intermedio y un motel. El caro estaba agotado, el intermedio resultó ser un bed and breakfast con solo un cuarto (reservado por alguna familia) y el motel no existía. En fin, después de haber manejado por uno 45 minutos, debimos hacerlos de nuevo para, ya bien entrada la noche, volver a preguntar donde se podía dormir sin pagar una fortuna.

Vale la pena aclarar que casi todos los hoteles estaban agotados y, los que no lo estaban, cobraban unas cifras obscenas por una noche de sueño. Resultó que coincidimos con la llagada del expreso polar, el mismísimo tren de las películas que pasa por el medio oeste entre lindos bosques y desiertos, además de ser el mismo de Westworld, pero que aparte de ser del oeste, de polar no tenía ni el untado, ¡estábamos en Arizona! ¡Nada que sea de Arizona puede ser llamado polar! Solo se les abona que estaba haciendo bastante frío, la nieve a duras penas dejaba caminar por las aceras y el pueblito de Williams, de tan solo 3000 almitas, no nos dejaba ninguna opción que no fuera costosísima. Al parecer todo el mundo en el estado y sus vecinos quieren montar en este tren y llegar al cañón del colorado en un tren de diesel disfrazado de vapor.

Estuvimos de buenas… a la entrada del pueblo encontramos un motel baratísimo. Ya desempacados nos fuimos a comer hamburguesa en uno de los tres restaurantes abiertos.

Al otro día, muy juiciocitos, nos fuimos para el cañón y sí, es grande, es cañón y el río de abajo es el colorado, pero… que le vamos a hacer, es mucho mas cuca Zion. Tome foto por aquí, fotos por allá, Arriba en la meseta todo esta nevado. Abajo en el valle, todo es igualito a las fotos desérticas. El recorrido se debe hacer en carro y es de unos 40 kilómetros y pare de contar. Eso es todo.

En los panorámicos, que no son los mejores, solo hay tres fotos:

  • La primera es el gran cañón
  • La siguiente es Williams
  • La última es un resguardo Navajo

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Panorámica del cañón

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Nuestro motel

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Williams

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Desierto con hielito

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Vista del cañón

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Muy liso como para abrir

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Vista

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Vista con nieve

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Más vista

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El caminito

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Aviso para los incontables vaqueros… para que se comporten

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Muñeco de nieve en lugar inpensable

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El colorado es un río chirriquitico

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Reserva navaja

Las Vegas

— ¿Ven ese perro? —, dijo. Levantó la mano para hacer más evidente su caso; nos mostró una cadenita del tipo french poodle que se alargan y encogen según la energía del perro, la cual tenía como detalle el estar decorada por una especie de textura de leopardo rojo.

Vimos un bulto en el asfalto, casi en la acera del frente.

— Es mío —. Pum! Pasó un carro sobre el bulto y este, inerte, dio unas tres vueltas sobre la misma calzada. El perrito no era un french poodle, ya ni me acuerdo el color, de pronto era mediano, de pelo oscuro, además su pelaje era corto, nada de esos perros peludos que se puede encontrar uno por ahí, en la calle; es de notar que en Las Vegas cuando el verano llega es siempre mejor (si se es un cánido) portar pelo corto y, como de seguro en este caso, si se es un perro apartamentero, se recomienda tener el pelo cortico para que no vuelva el sofá una mata de pelo! En fin, el detalle más importante del perro del cual tratamos es que estaba bien muerto y su dueño, un paquistaní con una correa de leopardo rojo en su mano nos miraba con una cara de tristeza que provocaba abrazarlo y llorar juntos.

Después de hacer caras compungidas y expresarle al hombre unos “It’s so sad!” y otros “I’m so sorrys!, entonados con inmensa tristeza, nos encontramos en un verdadero problema: ¡el semáforo era larguísimo! Henos pues en una esquina en el Vegas Strip con un hombre que quería llorar y nos miraba desconsolado esperando consuelo; al fondo, unos seis carriles atrás, lo que era un cariñoso cánido (todo muerto es bueno) yacía inerte, y nosotros, los encargados de animar la ocasión, darle consuelo al hombre, solo mirábamos al muñequito rojo del semáforo con las esperanza que cambiara a verde para dejar el lugar y podernos bañar con la ligereza de la ciudad que nos contenía. Intercambiamos miradas con el hombre, hicimos cara de tristeza. Miramos al muñequito rojo, cambiamos nuestras expresiones por unas de afán.

Por fin, después de intercambios interminables de miradas compungidas, el muy esperado muñequito cambió a verde, solo que no fue el nuestro, que bien queríamos escapar de la situación, sino el del hombre, que bien quería ir a recoger su ex mejor amigo o “a”, nunca supimos su sexo. Sea Floffy, Rocky, Rambo, o Rosita, macho o hembra, eso ya dejó de importar cuando bajo un bumper aplastante su ser cánido se metarfoseó con poco romanticismo en uno cárnico, cuando su alma pasó de ser la del mejor amigo-a para simplemente convertirse en un bulto que el pobre hombre, propietario y padre, debió recoger y al mismo tiempo hacer señas al otros bumperes que deseaban transformarlo a él, de un humano muy triste, a otra bola cárnica inerte como su perrito.

Para nuestra dicha el hombre no fue atropellado, todo un logro si miramos lo afanados que son los conductores en esta ciudad. La escena terminó cuando el perrito fue depositado en la acera de en frente y el hombre verde nos dejó pasar la vía. Cómo música de fondo, que se desvanecía progresivamente, oímos la conversación del hombre con su mujer y las indicaciones de donde se encontraba para que el triste velorio no fuera de uno sino, mejor, de dos.

Cambiando radicalmente de tema, nos encontrábamos en Las Vegas. Hace mucho rato se me prohibió el uso de Wikipedia para informar sobre la historia de los lugares por los que el autor de este blog ha pasado, pero, ante la magnitud de lo que mis ojos han visto, debo hacer una excepción:

La fundación de Las Vegas…

La creación de esta ciudad fue accidental, en un principio no había intención de fundar una ciudad en medio del desierto; lo que todos los próceres deseaban era simplemente hacer un homenaje y de este, así sin querer queriendo, la urbe nació. Sucedió algo similar a lo de Paris cuando la feria mundial por allá hace unos añitos; construyeron la tour d’Eiffel solo para impresionar a los asistentes de la feria pero, cuando esta acabó, decidieron dejar la torre en el champs de mars y esta se volvió con el tiempo el símbolo de la ciudad.

Las Vegas no nació de una feria mundial tal como lo hizo la tour, no podría haberlo hecho porque no había ciudad donde hacer la feria. Esta ciudad vino al mundo por cuenta del homenaje que ya les he mencionado anteriormente. Decidieron pues, los padres de la patria, locales de la zona, prófugos de otras provincias, prostitutas, familias desposeídas y en fin, todo el mundo que por la vecindad vivía, repito, decidieron construir un homenaje a una idea. Sí, como lo leen. Las Vegas nació de esta forma tan romántica. Todos deseaban homenajear a esta representación metafórica con lo único que los humanos pueden hacer en un desierto: poner un montón de cemento y, con este, alguna obra formar; en este caso, la ciudad de los casinos y el desierto. La representación simbólica en concreto y vidrio de una idea tan vieja como la humanidad, retrato más perfecto nunca logrado de una expresión humana realizada con arte arquitectónico es esta urbe. El homenaje de los americanos al mal gusto. Nunca un homenaje ha sido tan preciso. Ni los arquitectos del panteón de Atenas podrían haber llegado a tal perfección. Solo los americanos con su tecnología y dinero sin fin pudieron lograrlo.

No existe en ninguna ciudad del mundo que alguien pueda llegar y decir: “Quiero un edificio que represente al imperio romano y roma pero con un toque samurái, ojalá dorado” Y que el edificio de treinta pisos una vez construido atentando contra todas las normas del buen gusto y la proporción por algún milagro no desentone. En fin, la ciudad para ordinaria y fea, ella sola, sin embargo tiene su yo-no-se-que que invita a por lo menos visitarla y después con marcador en mano chulearla y decir con entonado acento: — Ya la vi, no necesito volver.

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Lindo panorama

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Promoción 2 x 1

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Bonito frente

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Metro (más caro que un berraco)

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Casino hamburguesería

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Típico letrero americano

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Disque romano

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Homenaje en leche para la tour d’Eiffel

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Disque Venecia

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Parisino

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Guggenheimish

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Escaleras

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Las famosas luces

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New York

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Para hacer cuajada… un man cuajado.

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Camelot

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Más o menos todos los casinos lucen así por dentro

Zion

El lugar consistía en un cañoncito súper estrecho entre dos rocas verticales altísimas. Al lado, dos o tres metros más abajo, un riachuelo congelado no se movía ni un milímetro. El camino tenía nieve por montones pues por la mañana había caído una nevada fuertísima. Adelante se veía la luz de sol; atrás no, puesto que las rocas altísimas no le permitían el paso. Arriba, el cielo era gris y pocón del él se veía, porque la nieve aún caía. Y por último, parados en el final del cañón, nos encontrábamos nosotros haciendo cara de bobos. No es que lo quisiéramos, no sabíamos que otra cara hacer.

Gotica de agua, aburrida, vencida por la gravedad, caía. No lo quería hacer, se agarraba con todas sus fuerzas a la roca por la que se deslizaba, pero, ya se lo imaginarán, Gotica brazos no tenía y, para colmos, su estado líquido no colaboraba con el show, así pues, a su destino, el suelo, caía si consideración. A Gotica le seguía Gotica, quien también, a los pocos segundos de infructuosa lucha, perecía de igual forma. Después de ver caer a Gotica, otra gotica ocupaba su lugar, y así, sucesivamente, una a una, todo el hielo de alguna nevada anterior, en estado líquido iba su vida terminar y en suelo, metros abajo, yacer. Pero no. El clima cambió, hizo frío suficiente para que en un momento la gotica, que debía en el suelo terminar, pudiera agarrarse de algo y solo parte de ella al abismo dejar caer. Es que se medio congelaba. Gotica, la siguiente, más o menos hizo lo mismo, y así de a pocos, todas las goticas que morir debían, de una forma u otra, agarradas unas de otras, una hermosa acualactita de hielo formaron. No es que sea una verdadera acualactita, esa palabra es inventada, lo digo porque el nombre de esos conos invertidos de hielo que se forman cuando la nieve se descongela (pero se queda congelada en el camino) y que se parecen a una estalactita, me es desconocido.

Pasó que un día, ese, el mismo que en ese entonces llamábamos hoy; es decir, el día que nos compete, una ráfaga de viento, a las goticas congeladas que tanto habían contrariado a los dioses acuáticos por cuenta de su terca voluntad para desconocer la realidad y a la vez destino — que al suelo debían caer —, decidió el viento pues, que insurrecciones de ese tipo no eran permitidas y, con un soplido fuerte, muy fuerte, desestabilizó la base de la acualactita y a los brazos de la gravedad envió.

El nevado piso debía ser su destino, pero no; la acualactita, en vez de encontrarse rodeada de blanca nieve como se suponía, lo hacía por algo rojo que teñía su hasta ahora bien lograda transparencia. Me imagino que a los acuadioses la indignación los habrá envuelto, pues el destino de acualactita debía ser el suelo o la nieve, nada más que eso. Es por eso que nosotros hacemos cara de bobos. Es la cara que inevitablemente se hace cuando un pedazo filudo de hielo contrario a su destino, en la cabeza de un pasante termina su recorrido.

El hombre no se retuerce de dolor como uno se imaginaría. Se encuentra privado, tirado en la nieve, con un gigantesco hueco en la cabeza, el cráneo partido, su ojo hinchado vaya uno a saber por qué si el golpe fue en otro lado y, para rematar la función, sangre es emanada por su nariz. Su esposa lo abraza y tampoco se mueve y, nosotros hacemos cara de bobos. Que más hacer si transformándolas por unas más interesantes no van a mágicamente tapar lo que ha sido destapado con tanta torpeza por parte de acualactita.

— ¿Señora, le podemos ayudar en algo? —, pregunto torpemente.

— ¿Y cómo en qué? —, responde entre seca, agresiva y asustada.

Caras de bobo adornan el ambiente. — No, pues, solo para preguntar. Es que nos sentimos incómodos ver a su marido tirado en el suelo con ese hueco en la cabeza, ese chorro de sangre y esa cara de agonizante y nosotros aquí, viéndola a usted abrazarlo como para despedida trágica que no queremos presenciar, y créame, es que no sabemos que decir. Vea, sería increíblemente maleducado pasar por su lado, saludarla con un buenas las tenga y seguir a nuestro destino que para serle sincero, es allí no más. Tampoco es que podamos dar media vuelta y sentirnos muy bien con nosotros mismos por dejarla a usted aquí, en medio de un cañón helado con su marido en brazos. Solo se nos ocurre quedarnos aquí, paraditos, viéndola a usted mantener con heroísmo el carácter fuerte mientras intenta mantener consciente a su marido que solo quiere estar insconsciente, y, para que nuestra presencia no sea demasiado rara, o por lo menos para no parecer un público que solo quiere saciar su morbo con las penas ajenas, es que cortamos este silencio tan incómodo con una pregunta boba, remarcándola además con nuestras caras. ¿No quiere que le ayudemos? Mire que por allá siguen cayendo pedazos de nieve y hielo y quien quita, va usted ser tan demalas que le cae una piedra en la cabeza para formar una buena simetría matrimonial pero, este es un gran pero, nos dejaría a nosotros encartados con dos moribundos, bien lejos de la civilización, con este frío tan berraco que hace, es que estamos a menos diez, pero bueno me desvió con mis desvaríos señora, lo que digo es que sería regio que me dejara ayudarle, si no quiere que la ayudemos porque sabe que eso no va a volver a tapar la cabeza de su marido, eso lo entendemos, pero las buenas costumbres dicen que hay que colaborar con las personas que lo necesitan. Véanos, estas caras de bobo ya nos duelen, es por caridad que usted se debe dejarse ayudar, piénselo de esta forma, como una buena acción para evitar que dos desconocidos pierdan su autoestima y se sientan inútiles.

Señora, con todo respeto, este silencio que nos rodea es insoportable, hasta le ofrecería un tintico para el frío si tuviera uno. Ve, hablando de frío, ofrecer y tener, venga le doy mi suéter; su marido debe estar helado ahí tirado. ¡Ah! También tome mi bufanda, amárresela en la cabeza y tápele el boquete. ¡Sí vio que sí se puede! Usted se deja ayudar y nosotros no nos sentimos tan mal. Bueno, no es mi intensión decir eso; es obvio que abrazar al conyugue en ese estado, medido en un penómetro, debe encontrarse bastantes unidades más arriba que un par que simplemente se encuentran apenados porque no pueden ayudar y mucho menos romper un silencio incómodo con cháchara trivial. En fin, ya que rompimos el hielo, si me perdona la inadecuada expresión, vamos a mover a su marido debajo de esta piedra donde nos estamos protegiendo nosotros porque mire, está a un pelo de recibir una acualactita en la cabeza y así no podrá ayudar a quien se encuentra en sus brazos. Muy bien, así es que es, ponga este suéter aquí, la bufanda allá. ¡Mire ahí! ¡Vienen mas personas! Si vio, la gente es súper querida cuando le garantizan ver a otro sufrir, hasta pagan boleta, bueno, digo en sentido figurado, aquí donde nos encontramos se paga con suéteres. Coja esos dos que le ofrece el señor y póngalos debajo de él. Muy bien, ya va estar más calientico y cómodo.

¡Señora! ¡Dígale a su esposo que no diga eso! Eso, así es, estas no son horas de despedidas. Sí, sí, sígale diciendo que va estar bien, ninguno de los presentes se lo cree pero nada que hacer, ¡manténgalo despierto! Eso, muy bien, solo dígale que no se despida, usted está que se derrumba y aquí los presentes no saben dónde esconderse, solo queríamos caminar por un parque, en ningún momento se nos pasó por la cabeza asistir a dramas y tragedias. Ver a Bambi sí, no presenciar la muerte de su madre, bueno, usted me entiende. Vení, ¿quien es ese niño con cara de traumatizado? ¿Es suyo? ¡Oigan público, alguien que le converse al niño que tal como se le ve la cara parece que no va a dormir en los próximos 10 años! ¡Señor! ¡Deje de despedirse! ¡Mírele la cara a su hijo! ¡Está traumatizado!

¡Que es todo este gentío que nos rodea! ¡Ya casi no podemos ni movernos en este senderito! Bueno, qué pena señora, cómo ya la vemos lo más de bien acompañada y llevamos un buen rato aguantando frío, no siendo más, nos despedimos, pero no se preocupe, no gritaremos despedidas ni saludes, simplemente nos deslizaremos entre el público que goza con su pose y drama y detracito, sin que nadie se dé cuenta, desapareceremos.

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No pudimos gritarle a la señora cuando veinte minutos más tarde vimos a una paramédica, mucho menos cuando a otros veinte minutos nos topamos con un Rambo con hacha y gritando órdenes sin necesidad, tampoco pudimos avisarle que de hecho mucho más adelante venía una camilla con una ruedita y cuatro tipos más. En fin, después de cinco horas lo más seguro es que el hombre por fin vio un hospital… en el que imagino todavía sigue

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Bonito paisaje nevado

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Puente bastante resbaloso

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Río que aún no se ha congelado

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Árboles que sí

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Cascada que no

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Caminito

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Bello panorama de zion

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Uno de tantos caminitos

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Otro más

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El valle de zion

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Camino

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Más de la vista

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Llegando arriba

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Nieve que nunca paró

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El camino donde el hombre resultó herido

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Un poquito más adelante

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Bambis

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Última postal de zion

Surroundings and Park City

No lo había publicado en el blog, pero por fin tengo tiempo así que sin preámbulo alguno les cuento que hace como dos semanas salí de Salt Lake city hacia sus alrededores, para mayor precisión, las montañas tutelares de la ciudad y la parte de atrás de ellas, que contienen a Park City, un pueblito de esquiadores que por esta época no tiene pero que en un mes estará retaquiada. Cómo todo lo de estados unidos requiere un carro, en este paseo nos fuimos Dorje y yo en la camioneta que Rob, muy querido, nos prestó y con ella comenzó el paseo.

La primera escala fue un lugar que tiene un nombre bastante divertido para ser un sitio turístico: This is the place. Lugar donde se exhiben unas casitas campesinas de hace doscientos años donde vivieron los primeros mormones. El lugar tiene una vista muy buena hacia el valle de Salt Lake y aparte de las casas tiene monumentos a los pioneros en los que los personajes hacen una sola cosa, rezar.

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suroundings_20161105_170957Vista del valle de Salt Lake City

 

 

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Granja

 

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Casas de hace doscientos años

 

Después atravesamos las montañas para llegar a una planicie donde se encuentra Park City, eso sí, primero paramos en un outlet para que yo me pudiera comprar una chaquetica para tener con qué sobrevivir el invierno que se nos viene, que al parecer es duro.

Park City es pequeñita, de city no tiene sino el nombre, es una especie de pueblito lleno de condominios para esquiadores y eso es todo. Desde el valle se pueden ver las instalaciones de salto largo y bobsleigh, de las cuales solo se encuentra en funcionamiento la última, pues funciona como un parque de atracciones.

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Vista de las rampas de salto larog

 

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El valle y sus montañas

 

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Park City

 

Siguiendo el camino intentamos tomar una ruta llamada Aspen Grove, la cual pasa por Sundance, donde hacen el festival de cine independiente y es una carreterita lo mas de linda y entretenida. No vimos más. Un chica en una garita nos hizo devolver porque la vía estaba cerrada, así pues, volvimos a Salt Lake city por el sur y eso fue todo.

Entretenido por un día. Si se es esquiador es una especie de paraíso, pero para nosotros solo valió pasar por ellos y mirarlos.

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Bajando a los lagos

 

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Las montañas que en una semana serán blancas

 

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Granja en el medio del camino

 

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Fijarse en la vegetación de las montañas!

 

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Linda panorámica de las montañas más altas, mount timpanogos

 

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Otra linda vista

 

Provo

La única turisteada que se puede hacer por estos lados sin alquilar un carro es ir a Provo, la ciudad universitaria de los mormones. No fue que no quise hacer mas cosas por pereza de alquilar un carro, de hecho me pegué tremenda patoneada para hacerlo, nada más que resultó que todos mis innumerables pasos me llevaron al lugar equivocado. La pataleta que le siguió al descubrimiento de este hecho fue el término de la busqueda de alquiladero y el comienzo del regreso a casa con la cola entre las patas. En fin, al día siguiente, para enmendar las penas, intenté tomar un tren. El primero lo perdí y debí esperar al siguiente una hora más tarde, para viajar a la maravillosa ciudad de Provo. En el camino no se ve nada diferente a los típicos suburbios del país en los que únicamente se pueden observar unos barrios,con casas de madera, que nunca acaban; aunque cuando se ven estas edificaciones en proceso de construcción, parecen más de cartón que de cualquier otro material. Pasada la ciudad de Salt Lake city comienzan otras ciudades con otros nombres (aunque uno siempre ve lo mismo) y en algún momento aparece al famoso Salt Lake, que es bien grande pero, al menos lo que yo vi, se encontraba completamente vacío, sin ningún barquito surcándolo y las montañas de atrás, peladas como las que más, acompañaban su soledad con su auscencia de árboles en ellas. En fin, vista una esquina del lago, el tren continuó su camino hacia una ciudad llamada Lehi, como la supuesta ciudad israelita de Nephi, el jesús mormon. En este lugar se encuentran las oficinas de Adobe. Dato que solo es importante para los diseñadores gráficos.

De Lehi sigue algo y después aparece algo que podríamos llamar “campo”, una especie de barrio residencial con casas con pastizales y 5 vacas y 7 caballos. Después… Provo.

El camino turístico de Provo consistió en caminar por la vía principal media hora hacia la universidad (que queda en el otro extremo de la ciudad (que no es pueblo, pero tampoco ciudad… es simplemente un barrio residencial del tamaño de un pueblo), llegado a la universidad, media vuelta y por vías secundarias volver a la estación del tren para ver la cola de berraquito desaparecer de nuevo frente a mis ojos. Una hora de lectura después en otro tren me siento y a Salt Lake city regreso…

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El lago de salt lake

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Casas de cartón

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El tren que solo pasa cada hora y me dejó las dos veces

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Casa de un mecánico en Provo

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Concurridas calles de Provo

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Aviso

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Típica venta de carros

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Iglesia mormona

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Nephi con su trompeta llamando a (ya se me olvidó)

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Concurrido centro de Provo y las montañas de atrás

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La casa del señor

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Creo que es la alcaldía o donde trabaja un senador

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Centro de Provo

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Una iglesia

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Otra

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Calles de Provo

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John Birgham, el discipulo de Joseph Smith que terminó la travesía de los mormones en utah

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Llegando a la universidad

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Edificio de startup y centro donde yo estaba considerando estudia

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Paisaje desde el tren de devuelta

Salt Lake City

Vuelve la bitácora a viajar. Al parecer la lógica imperante en lo que respecta a las rutas a escoger esta vez no se cumplió. Por cuestiones económicas, el viaje a Salt Lake city fue hecho en tres tandas, las cuales requirieron tres vuelos retrasados, un montón de paciencia y otra tanto de estrés. El vuelo original salía de Medellín rumbo a Fort Lauderdale a las cálidas doce de la noche pero, por cuenta de vaya uno a saber qué, terminó despegando a las también cálidas dos de la mañana. Allá, debí pasar por los 5000 escáneres de seguridad para esperar en una sala común y silvestre el vuelo hacia New York. Salí en otro vuelo retrasado hacia la famosa metrópoli pero en mi cabeza consideraba que todavía tenía tiempo para dar una visitica a la ciudad mientras hacía tiempo para el vuelo a Salt Lake. Pues resulta que alguien se suicidó/se dañó el tren que volvía a Jamaica, la estación del aeropuerto. ¡Quien dijo estrés! Después de mil cambios de lineas de metro logré llegar a tiempo para tomar el último vuelo. La ruta entera se llevó, desde José María Córdoba hasta Salt Lake City, 25 horas; de las cuales las últimas 4 comencé a delirar (se me fue la mano con el solpidem). Tanto, que en algún momento le confirmé segurísimo a mi vecina que ya habíamos pasado con el avión sobre el destino y que íbamos a dar una vuelta para aterrizar; al parecer mi mente ya había decidido como era la ciudad que no conocía y en mi estado de medio zombie se apareció ante mis ojos hasta en sus más mínimos detalles; cuando lo más seguro era que se trataba de algún pueblito gringo. La vuelta duró dos horas más y a donde aterrizamos no tenía nada que ver con lo que yo tanto juraba era mi destino.

En Salt Lake no hay mucho para ver. Esta ciudad es una urbe que podrá ser calificada como típica de su país. Su mayor atractivo es el vaticano de los mormones, acá llamados LDS, no confundir con la droga, es Last Day Saints, los santos del ultimo día, y su grácia consiste en que su doctrina está basada en un tercer testamento del cristianismo que en vez de aparecer por las palestinas como todos los testamentos cristianos, este apareció, así, como de milagro, en Nueva York. El testamento cuenta la historia en un tal Nephi, de época bíblica, quien junto con sus 4 hermanos descubre la verdad. Ellos son israelitas pero obvio, para ser una épica profética, deben ser expulsados de Jerusalem, y así, tal cual, sucede. En el camino a un mejor sitio donde asentarse, de los cuatro hermanos solo Nephi continua viviendo bajo las directrices de la verdad revelada; en cambio, sus hermanos no. Por lo tanto el y sus descendientes son los elegidos, los Nephitas, de piel blanca y los otros, los más oscuritos, son los excluidos, los deselegidos (Lamanitas). En fin, de tanto viajar Nephi y su grupo terminan en suramerica, más exactamente centro america donde los elegidos conviven con indigenas Lamanitas, quienes no tienen nada que ver con los mayas sino que son descendientes de los judíos, y habitan en una ciudad con arquitectura griega – me atiendo a lo que vi representado en centro de convenciones – la cual al final fue destruida por un terremoto que había sido profetizado por Nephi.

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En algún momento de la historia los deselegidos Lamanitas tienen una guerra con los elegidos y pierden. Como los Nephitas son tan buenos (righteous), se abstienen de masacrarlos. Después, por cualquier otro motivo, tienen una segunda guerra pero en ésta los originales Lamanitas que no habían sido masacrados se niegan a pelear y sus respectivos hijos pelean por la causa de los elegidos… en cuatro años de guerra no muere ninguno de ellos. Al final no sé porqué se extinguen pero Mormón, un apóstol, en su lecho de muerte deja los mandamientos nephitas a su hijo Moroni, quien es el último de la estirpe. Estos mandamientos venían escritos en unas hojas de oro que pasaban 30 kilos con todo su contenido escrito en hebreo y en jeroglíficos egipcios, no me pregunten por qué. En fin,  Johseph Smith, un newyorkino, dudando entre convertirse protestante o católico, es iluminado por dios que le dice que no debe escoger sino inventarse su propia versión. Encuentra en un bosque los mandamientos nephitas y los traduce al inglés, aunque nunca pasó de tercero de primaria. Por lo tanto, él, quien es el nuevo elegido, comienza a profetizar la nueva verdad. Como 30 kilos de oro es algo bien apetecido aquí, allá y en cualquier parte, el espíritu de Nephi, o dios, los desaparece, aunque hay ocho personas que juran y rejuran que sí existieron. En fin, este Joseph arma su religion con doce apóstoles y todo, y es expulsado de New York rememorando las faenas de los judíos en palestina. Se pasan a otro estado, de allí son echados de nuevo, se van al siguiente estado y así, entre expulsiones y nuevos reasentamientos terminan en Utah, donde fundan a Sión y se establece el vaticano de ellos.

Al igual que los musulmanes con la Meca, los mormones de todo el mundo deben ir a Salt Lake en una peregrinación-misión para… no tengo idea, normalmente se hacen misiones religiosas donde hay que evangelizar, aquí, al contrario, los ya envagelizados van a Salt Lake a… todavía no se qué… de pronto encontrar la verdad.

En fin, el vatimormón es gigantesco. Realmente grande e imponente, parece un bunquer. Andaba yo por ahí turisteando cuando pasé por el Conference Center, donde hacen conferencias anuales doctrinarias, cuando me dieron ganas de mear. El tour era gratis y fijo ahí había un baño. Fue la meada mas contenida del mundo… con un guía acompañándome y contándome toda la historia de Nephi, mas datos arquitectónicos del teatro gigantesco (es para 21.000 personas sentadas en cómodas sillas de cuero, sin columnas que sostienen el techo, construido con una estructura traída de Bélgica y con equipos de iluminación y acústicos de ultima generación) me demoré como una hora de relatos antes de poder devolver al mundo la botellita de agua que tres horas antes me había tomado. Al lado mío mientras me relataban cuadro por cuadro, apóstol por apóstol pasó otra guía hablando en español y llevando a una mexicana a mil por todo el edificio. Me dio una envidia enorme, eso me pasa por hablar inglés y hacer cara de interesado. En fin, cuando me lea la bíblia mormona, the book of mormon, que ya bajé al kindle, les relato bien la historia, por el momento confórmense con esto.

Acá los dejo con fotos de Salt Lake City

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Edificio de los mormones (todo el centro de verdad es de ellos)

 

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Callecita en el centro

 

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Tabernáculo con misioneros de todo el mundo

 

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#hallelujah, hashtag para twitter religioso

 

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Centro de conferencias

 

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El templo principal de los mormones

 

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El templo con el tabernáculo al lado

 

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Otra perspectiva del templo

 

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Y otra… notar las escaleritas de ingreso

 

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El órgano del tabernáculo. Contiene la bobadita de 11,623 tubos, 147 tonos y otro montón de cosas que un par de manos musicales nunca podrán tocar a plenitud

 

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Grabados religiosos que se parecen a los cosmonáuticos rusos

 

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El centro de conferencias

 

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El centro de conferencias

 

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Teatro dentro del centro de conferencias, con 21.000 asientos y ni una sola columna sosteniendo al techo

 

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el órgano del centro de conferencias también es exageradisimo de grande

 

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Reflejos debajo de una fuente en el conference center

 

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La foto de los nephitas israelitas ojiazules con los indios Lamanitas y las ruinas en guatemala, griegas.

 

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Mas del teatro

 

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Solo una cuadra después del centro

 

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Vista desde el techo del conference center

 

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yo

 

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El valle de Salt Lake que de verdad se llama Great Basin

 

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El típico centro comercial centrico y verdadero corazón de la ciudad

 

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Arboles otoñales

 

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Palomas

 

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Otro centro comercial en el centro

 

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Policías y bomberos evangelizando niños sobre sus oficios

 

New York III

Hoy sí tomé más fotos con el celular. No sé cómo lo logre pues con el viento la temperatura estaba a -20°! No entiendo como mi nariz sigue en la cara y los dedos en la mano; ¡estuve el día entero a la intemperie y no se cayeron! ¡Bien por eso! El problema con el viento helado es que pasan la temperatura de -13°, pasable con dos suetercitos, a una de -20º, también pasable con los mismos dos suetercitos, pero con el problema que congelan la poca piel que con la intemperie tenga contacto, es decir mi protuberante nariz todo el tiempo y los dedos de la mano cuando tomo fotos con el celular. (Las pantallas touchpad no leen los dedos que portan guantes).

En fin, quejidos aparte, lo visitado en el día de hoy y que en las fotos aparece son los barrios de Little Italy, Chinatown, Soho, Noho, la universidad de New York, Greenwich village, Meatpacking district y Chealsea. Aparte del clima acogedor del día, esta es la zona que más me ha gustado de Manhattan. Barrios “bohemios” o cachetuditos pero con estilo. Todo de tamaño decente y muy caminable. Tienditas con cosas raras y bacanas para ver, restaurantes a dos manos, pubcitos también. Como punto alto no se encontrará ni un solo local de comida rápida; ¡ni siquiera un Starbucks! ¡Un hurra por esa!

Soho

 

Calle en Greenwich

 

Grandma, protect me please!

 

Uno de tantos videntes en greenwich village

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New York II

– ¿Para dónde va? –, me pregunta el compañero de cuarto que justo me he encontrado en el metro.

– Pues pal flatiron –, respondo súper seguro.

– ¿Qué? –, pregunta confuso.

– flatiron –, insisto.

– flat, ¿qué?

– el edificio chorizudo ese, el famoso. El que es como un triangulito alto.

– Ahhh, el flatairon –, pronuncia el hombre.

– No. Flatiron.

– Sí, el flat iron –, remata.

El motoneto, achantado, consciente de la horrible pronunciación del famosísimo edificio hierro-aplanado, no le queda sino pedir disculpas por su horrible inglés. Pero, ¿a quién demonios se le ocurrió juntar las dos palabras? ¿No era más sencillo para evitar vergüenzas ajenas simplemente llamar al edificio Flat Iron, con un espacio en la mitad?  No nos detendremos a cavilar sobre las razones de los constructores para llamar al edificio así; el espacio de este blog será llenado con una foto del edificio porque de hecho es la única foto del día tomada con el celular… (la otra desapareció por error) Aunque hoy hace menos frío que ayer no se me ocurrió tomas fotos con el celular… mañana trato de tener más para poder publicar aquí.

 

El famosisimo hierroaplanado

La segunda y última foto del día, ahí en la esquinita vaya a saber uno porqué… es el tambien famoso times square.

 

Ahora, con tiempo pasado desde que salí de Nueva York, acá les adjunto otras foticos:

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New York

Este es mi primer post escrito en un ipad, así que me perdonarán los errores de todo tipo, sobre todo los ortográficos… este aparato no tiene corrector. Entrando al tema que al blog compete, Nueva York me ha recibido con un frío el berraco. Diremos, para ponerle un tono optimista a la cosa, que es un intermedio frío para el niño insoportable que asola a Colombia y el trópico del sudeste asiático que me tocará soportar.

Quienes hayan leído este blog ya sabrán que detesto el calor. Quienes no lo sabían, pues ya lo saben, no hay nada más horrible que el sol. El problema ahora es que el frío está más frío de lo normal y la ropa que tengo para soportar estos -5 -15 grados es muy limitada… Es muy limitada por una simple razón: la idea de este viaje es hacerlo con una mochilita de dimensiones bastante discretas (30lt y 7kg) para que pase en todos los aeropuertos como equipaje de mano y, cuando en Saigón me consiga una moto (si es que lo logro), poder amarrar la mochila a la parrilla sin tener inconvenientes. Lo que contiene esa mochila es suficiente para cuatro meses. (Para quienes crean que el motoneto es un cochino por viajar tanto tiempo con  tan poco, solo me queda decirles que no se imaginan todo lo que puede caber en una mochilita de esas si se empaca bien) En fin, volviendo al tema; como voy a viajar a tierras tropicales y un suéter ocupa tanto espacio en una mochila, en Nueva York ando con pocas cosas encima pues mi viaje está planeado para andar en tres puntá y pantaloneta, no para andar cubierto de pies a cabeza (aunque con este frío eso es justamente lo que debería tener encima) Hipotermia no me va a dar, pero más calientico sí podría estar.

La ruta de hoy consistió en un paseo por la parte baja de Manhatan, agarré el ferri para Staten Island (y volví en el mismo… solo lo tomé por la vista) y por último, hice una caminada por el puente Brooklyn y por Brooklyn misma.

Las fotos en esta parte del blog serán de baja calidad pues todas serán tomadas con el celular. Llevo mi cámara pero no puedo pasarle las fotos al ipad así que les tocará conformarse con eso. Además, con la temperatura invernal, la mano tiembla y el teléfono, como es de metal, se enfría tanto que de verdad no provoca tomar fotos.

 

 Computador de viaje… un ipad mini quebrado y un mini teclado bluetooth.

El world trade center (el nuevo)

Yo congelado

El puente de Brooklin

 

Lower Manhatan

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