Camino de Santiago III

Los caminos

El camino francés es el más famoso. Este es recorrido por primíparos, devotos, turistas y gringos y chinos. Es plano, tiene muchas facilidades para el caminante (restaurantes, bares, mercaditos, hospedajes, etc) No se pasarán más de 5km sin encontrarse algo. El camino está en buen estado y muchísima gente lo recorre.

Cómodo restaurante al lado del camino

El camino del norte es el segundo en importancia aunque la cantidad de gente que lo recorre es un quinto del francés. Mayoritariamente es para alemanes y franceses. Deportistas y primíparos son sus usuarios, quienes en general no desean interactuar con mucha gente. No lo recorren devotos ni gringos. No posee muchas facilidades pero igual, cada 10km se puede encontrar al menos un café, aunque pueden haber trayectos en los que no hay nada en el medio así que desde el día anterior hay que mercar. Los paisajes son muy lindos y el camino en muchas ocasiones esta en mal estado, en otras no se puede llamar propiamente camino sino, en cambio, carretera, pues por asfalto se anda.

Caserío en el camino del norte

El mar cantábrico

El calzado

Vale la pena aclara que el asfalto es lo peor de lo peor, pues por ser tan duro y plano, y normalmente cada paso del caminante es exactamente igual al anterior; una receta perfecta para destrozar pies. Si, como fue el caso mío, las botas que se llevan son incómodas, se llegará al punto que con solo el primer paso en el asfalto, los pies comenzarán a doler de tal forma que cada kilometro habrá que detenerse para descansar. Estas botas lograron que los huesos de la planta del pie dolieran. Si. Los huesos por si solos dolían tremendamente, con el agravante que uno no se puede untar cremitas en los huesos y las pastillas de ibuprofeno, que es lo único que puede hacer uno en esos casos, no sirven para nada. Pasados cinco días de torturas con las botas, decidí hacer un paso de montaña con havaianas. Caminados 24km con ellas los  pies dijeron “no más”, se inflaron como balones y se hizo evidente que así no se podía seguir. Cómo habíamos llegado a Gijón, decidí enviar mis botas por correo y comprarme un par de zapatos más cómodos. ¡Si que lo eran! Pero tan bien eran nuevos, y eso es otro problema. Zapatos nuevos siempre implican ampollas.

¡La union hace la fuerza!

Boimil es un pueblo en Galicia. No tiene nada de especial que agregar a este relato a parte de ser el punto donde sucedió un trágico suceso. No fue de lo peorcito que pueda pasar, sin embargo lo recuerdo con horror.

Recomenzado el trayecto después de estrenar los zapatos en Gijón, una linda ampolla nació en mi pie. Saludable ella, creció y creció hasta colonizar media planta del pie; como quien dice, llegó para quedarse. Unos días después, mientras a esta ampolla le crecía una especie de cayo para proteger la piel bajo ella, a su lado nacieron dos ampollas más. Una más cerca de los dedos. La otra más cerca del puente. Después, vaya uno a saber cómo, una nueva ampolla apareció, esta vez bajo la grande y establecida ampolla, creando una mega ampolla de dos pisos con otras dos ampollas un poco más pequeñas como vecinas.

Vimos el letrero que decía Boimil, solo faltaban dos kilómetros para llegar. Ya habíamos caminado unos veintipico kilómetros y estábamos animados porque Boimil era nuestro destino. De pronto, el pie hizo pflshh. ¡Epa! ¡Qué es eso! me pregunté curioso. Este era un dolor nuevo, hasta ahora desconocido. Es más; ni siquiera sabía si era un dolor o lo que sentía era algún otro sentimiento que no sabía nombrar. Algo acuoso se movía entre los dedos del pie y la media. A cada paso, el pie hacía splash y me incomodaba un poco. Esto fue valido para los cinco primeros pasos. Después se hizo obvio que de hecho este nuevo sentimiento podría catalogarse como dolor, pues, acompañando al splash, venía unos punzones agudos, como si fueran muchas agujas perforando la planta del pie. Faltaban dos kilómetros y muy a mi pesar, me vi con un pie menos.

Ya se imaginarán, fueron unos muy largos dos kilómetros. A mi parecer, tres horas – en realidad algo menos – fue lo que nos tomó para llegar a nuestro destino. Allí, en procesos dolorosisímo me quité los zapatos. Lo que había sucedido se hizo evidente; las cuatro ampollas habían decidido formar un sola. Cómo reventaron la piel interior y se comunicaron entre ellas, eso lo ignoro, lo que si sé es que después de hacer esto, hicieron ¡pum! Explotaron. De ahí venía el splash: a cada paso, el liquido salía hace el exterior por el recién creado hueco.

Dolor y Espiritualidad.

El dolor no lleva a la espiritualidad. El hecho que mis ampollas se unieran en una sola, o que antes los huesos dolieran de forma intensa no hicieron que encontrara a dios ni que me encontrara a mi mismo. Habrá que informarle al lector que ninguna de ambas opciones se contaban como objetivo de viaje. El hecho de no querer encontrar a ninguna divinidad, ni buscarse a si mismo, no quiere decir que el viajero a-espiritual no sienta nada. Siente dolor, claro, porque cuando a uno en el camino le da un dolor, no quiere decir que con el tiempo este desvanezca o que uno se acostumbre a el. No. El dolor viene y duele, además, permanece y continúa doliendo al día siguiente. Pero el problema es que cada día viene con un nuevo dolor que también duele y permanece. Y así, de dolor en dolor, el caminante hace su camino. Cada nuevo dolor nace superponiéndose sobre el otro; potenciando otros dolores; tomándose toda la atención de su huésped para sí, o intermitentemente apareciendo cada vez que ha sido olvidado. El camino puede volverse una pasión, pero eso no llevará al caminante a ninguna espiritualidad. La verdad sea dicha, el camino de Santiago es de hecho un dolorosísimo ctrl + alt + supr mental. Es literalmente un borrado cerebral o si se quiere, un tratamiento detox mental. Después de unos 15 días el caminante – si pensara –, notaría que ya no piensa más. Los problemas ya no existen y la vida, aparte del horrible dolor de pies, es fácil. Solo hay un objetivo cada día: caminar para el frente. Solo hay un problema: cuantos kilómetros faltan. Solo hay un cálculo mental: cual es mi promedio de kilómetros por horas y cuantos kilómetros tengo que caminar. A que horas llego. Esta es la espiritualidad peregrina. Cuando tu mayor problema es tan simple y tu cerebro está siendo utilizado únicamente en cálculos básicos de promedio. El cerebro se resetea y los problemas dejados en la ciudad se van olvidando uno a uno. Así, de repente, el nervioso de antaño, se ve al día 20 como el más calmado y relajado ser humano de la tierra; un ser sin problemas.

En un mundo de estrés y nervios, la calma y la despreocupación es un privilegio. Algunos – los que nos son religiosos – llaman a esto espiritualidad o encontrarse a si mismo. Yo prefiero reseteo mental. Sigo sin saber que hacer con mi vida, pero no me importa, y no me importa porque no pienso en ello; es más, no pienso en lo absoluto.
Cómo nota al margen, después de tres semanas desintoxicando la cabeza, solo se necesitó un día de trabajo para toxicarla de nuevo… la vida es cruel.

Linda panorámica cerca a Aviles

Cudillero

Soto de Luiña

Un amigo del camino

La infaltable flechita

Vacas al lado del mar

Lluarca

Caserío de Asturias

Camino sobre la quebrada

Playa

 

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Camino de Santiago – Peregrinos

En el post anterior había insinuado que nosotros éramos de lo peorcito que el estatus peregrino podía tener, o, al menos eso creíamos, hasta que nos juntamos con el camino francés y allí encontramos a los gringos. No vale la pena mencionar – pero lo hago – que a partir del momento nuestro status subió a cotas heroicas y por fin tuvimos personajes frente a nosotros a los cuales podíamos ver por encima del hombro, envueltos por nuestro nuevo aire de superioridad moral peregrinística. Ahora bien, para clarificar bien en qué categoría entrábamos nosotros debré primero mencionarlas todas.

En primerísimo lugar se encuentra el peregrino experto. Este personaje es el verdadero, único, puro y auténtico peregrino pues ya se ha hecho mínimo tres caminos, nunca se hospeda en hostales o pensiones, solo en los albergues públicos. Lleva su comida consigo y cocina todas la noches. Se siente orgulloso de gastar solo 10 euros al día, tiene todo el tiempo del mundo, y, si acaso tiene problemas físicos, se quedará en un mismo pueblo por tres o cuatro días pero, jamás de los jamases tomará un bus.

Peregrino que hizo el camino en 2013 y al parecer le gustó

El peregrino primíparo. A duras puede caminar, pues no le caben las ampollas en sus pies. Después de tres kilómetros ya está cansado y cojea, desde que empieza, hasta que termina el día; sus días no son baratos y no se encuentra a gusto en ningún lugar. Si duerme en un albergue se siente orgulloso por lo poco que pagó pero no soporta la suciedad e incomodidad. Si se queda en una pension, se alegra por la comodidad, pero se siente mal por haber traicionado el credo peregrino. Ya se ha comprado la conchita y las flechas amarillas que ha bordado en el exterior de su mochila, la cual, grande y nueva, está preparada para el armaguedón. Todo lo que posee en su interior es nuevo y de marca.

Con amigos del camino, Francesco y Andrea

Peregrino devoto. Es espiritual; ha llegado al camino para encontrarse a si mismo, para rezar (si ya ha encontrado a dios) o para agradecerle al altísimo por haberle curado de alguna enfermedad o para pedirle por el alma de su hermana, hija o familiar difunta en penosa enfermedad o trágico accidente. Tiene bordado en su mochila los símbolos religiosos del camino y va dejando fotos del santo, la virgen o su familiar muerto, con mensajitos escritos a mano. A este peregrino, al parecer, solo le gusta el camino francés.

Vírgenes y fotos de familiares

Deportista – Minimalista. Casi siempre aleman, este peregrino es un autentico masoquista; se camina unos 40 kilómetros diarios y cuando hace cincuenta, orgulloso, se encarga de restregárselo en la cara a quien ose quejarse de dolores. Su mochila es diminuta y solo contiene una muda. Todo su recorrido está debidamente registrado en Strava. A las 6am ya está caminando. A las 8pm ya está en su cama dormido. Su máxima aspiración y motivo de orgullo es hacer todo el camino en 20 días.

No hay fotos de los deportistas, pasan muy rápido, pero aquí dejo los tenis que dejan como ofrenda

El turista. Su paseo dura entre una y dos semanas. Cada día le vale una fortuna pues come en restaurantes, se queda en hoteles o pensiones. Su mochila es gigantesca y está cargada de souvenirs que compra cada día pero eso no es un problema: la mochila es transportada cada día a su próximo destino por alguna compañía dedicada a ello. La ha contratado desde antes de partir. Camina poco y cuando se cansa toma un taxi. Cuando vuelve a casa contará la historia de viaje a sus amigos, coloreada de tintes heroicos, que distará bastante de la verdadera.

Mini van que lleva mochilas y bicicletas

El gringo y el chino. Contrata un paquete de ocho días con todo incluido y viaja en grupo. Comienza a 100 kilómetros de Compostela, justo para recibir el diploma del peregrino. Va con su pasaporte de tienda en tienda para llenarlo de estampitas. Obviamente alguna compañía lleva su mochila. Cada dos pasos se toma una selfie y, si entrenó mucho hará su trayecto en poco tiempo, y, si no, tomará cada día un taxi una vez tenga las dos estampitas reglamentarías. Su mayor orgullo es ver su credencial del peregrino llena de estampitas y recibir su diploma.

Gringos de paseo

Estampitas y souvenirs

Nosotros, por andar en el camino del norte, es decir, el de los alemanes deportistas, nos encontrábamos más o menos entre la categoría de los primíparos y los turistas. Nos quejábamos y estábamos cansados desde el kilómetro cinco (yo). Los pies estaban destrozados y cuando habían distancias largas, booking ya tenía su reserva hecha. Cuando los pies no me permitieron dar un paso más, bus o hitch hicking se hizo (pero con vergüenza). Al principio hicimos muchas fotos, después nos dio pereza. No nos interesó el diploma del peregrino, y el pasaporte solo lo usamos para podernos quedar en los albergues públicos. Los peregrinos expertos nos veían demasiado turistas. Los primíparos nos encontraban demasiado cómodos. Los deportistas nos consideraban muy flojos. Los turistas nos veían demasiado sucios y afortunadamente nos salvamos de ser considerados light, plásticos y vacíos, pues no nos encontramos con peregrinos devotos. Los gringos y los chinos solo los vimos en los últimos 100km así que el trato con ellos fue nulo. Ni idea como nos consideraban.

Nosotros en cambio nos sentíamos todos unos heroes deportivos cuando caminábamos más de 30km. Nos juzgábamos turistas gringos y nos daba vergüenza cuando solo avanzábamos 18. Nos creíamos súper expertos cuando el día salía barato y nos quedábamos en un albergue público. Nos sentíamos unos traidores, peregrinos de baja calidad, cuando dormíamos en pensiones y desaparecíamos nuestros euros en unos buenos vermouth. Nos sentíamos devotos si pasábamos una hora sin hablar. Durante casi todo el camino nos considerábamos y creíamos que nos consideraban bastante flojos y cómodos hasta que nuestro camino norteño se cruzó con el francés y pudimos apreciar a los gringos y chinos en acción. Ahí, nuestro estatus subió y pudimos por fin mirar a otros por encima del hombro.

Casi todos los peregrinos primíparos hacen trampa en algún momento, sea por cansancio, problemas físicos o hartazgo. Hay otros que se toman muy en serio eso de caminar y juzgan duramente a quien sea que haga trampa. Pero bueno, cada cual hace su viaje como buenamente pueda. Lo que es seguro es que uno juzgará a los demás tan intensamente como es juzgado, sin embargo, con trampa y todo, el camino implica un esfuerzo físico alto que dejará marcas en los pies durante varias semanas y las marcas de la cabeza quien sabe cuanto tiempo durarán.

 

Orgullosa bajo la lluvia

No tan orgullosos después de caminar 5km

Mensajes super profundos que dejan los peregrinos espirituales

Típico albergue público de galicia

Almuerzo de restaurante de cacerío

Nutritivo almuerzo para los trayectos sin cafés ni restaurantes

Camino del Norte: Paisajes de Cantabria y Asturias

Camino de Santiago

Henos pues allí, con la mano estirada, parados al borde de la carretera, con un “Mondoñedo” escrito en un cartón, mochilas al hombro, sonrisas de bobo, cobijados con la sola esperanza de que algún conductor sintiera compasión de nosotros y nos llevara al destino descrito en tan ecológico formato. Tremendo sacrilegio cometíamos al no solo haber permitido esta idea cruzar nuestras cabezas, sino al haberla efectuado. No importaba, nuestro estatus en esta subcategoría de mochileros, llamada peregrino, estaba manchada sin remedio por haber cometido imperdonables crímenes contra la humanidad, pues ya habíamos montado en bus, no en una, sino en dos ocasiones. Traidores a la causa era ya el indeleble título en nuestra hoja de vida peregrina; así pues, enlodada y sin remedio, poco importaba si la manchábamos un poquito más. La causa de tan imperdonable pecado era un simple dolor de pie adobado con afán: en un mundo donde las vacaciones son limitadas y el camino a caminar ha sido metódicamente medido, los kilómetros que no se andan a pie, se deben recorrer de alguna otra forma. ¡Si no, no se llega!

Un carro se detuvo y con su conductor hablamos hasta llegar a nuestro destino – que coincidía con el de él –. Las despedidas con buenos deseos fueron hechas y cada cual siguió por su lado. Ellos quien sabe hacia donde y nosotros hacia el primer restaurante que viéramos antes de ir al albergue municipal. Segundo pecado: comida en restaurante.

Debo hacer un poco de contexto, pues me imagino que el lector anda un poco perdido sobre el tema a tratar. Quién esto escribe pasó gran parte de Septiembre caminando hacia Compostela; no todo el camino, tan solo una parte: el camino de Santiago mide unos 800km desde Francia y se toma más o menos un mes y medio para recorrerlo a pie. Esto es válido para el camino Francés – el más famoso que parte desde Saint Jean de Port y pasa por Pamplona, Burgos y León – tanto como para el camino del Norte – empieza en Irún, pasa por San Sebastián, Bilbao, Santander y Gijón –. Al tener tan solo tres semanas, comenzamos por la mitad, y, por tener el camino del Norte como el escogido, fue San Vicente, cerca de Santander, en Cantabria, el punto de partida: 490 km mal medidos. Antes de llegar a Compostela ya sabíamos que no podíamos sentirnos orgullosos de nuestra proeza, pues los pecados cometidos durante el camino borraban de un tajo los kilómetros andados. En nuestras cuentas caminamos entre 410 y 420 kilómetros, lo que nos dejaba un gran tanto por explicar.

Pasado el almuerzo en el restaurante de Mondoñedo e instalados en el albergue municipal, iban llegando conocidos del camino que nos miraban con sorpresa al vernos tan fresquitos y sonrientes.

– Ah! ¿Como hicieron para caminar tan rápido? –, preguntaban con sonrisa y tono irónico.

Nosotros, cabizbajos, muertos de la vergüenza, con nuestros cerebros trabajando a toda máquina para encontrar la tonalidad más adecuada para colorear nuestra disculpa, solo atinábamos a decir: – Nos tocó hacer trampa –.
– Es que me duele el pie –, añadía yo señalando indistintamente cualquiera de mis pies.

“A vos y a todo el mundo. ¡Cabrón!”, decían sus miradas justicieras mientras nos sonreían. Añadían a sus ojos, por si acaso no era claro si disgusto, una mueca de “herejes, ¡traidores!”

Traidores. Si que lo éramos. A ustedes les aclaro mis excusas, en el próximo post, les cuento porque estas eran juzgadas tan duramente por los demás.

Antes de partir, es decir, en Agosto, cuando la idea de hacer el camino se tornó en una posibilidad real, lo primero que hice fue leer dos o tres blogs sobre el camino. En todos decían que sobre todas las cosas, lo más importante y a lo que más se debía poner atención era a la mochila y a los zapatos. 20, 30 kilómetros por día necesitan que la espalda esté descansada o por lo menos con la menor carga posible y los pies estén cómodos. Yo no tenía mochila, así que fui a una tienda a mirar que podía comprar…

Vivo en Suiza. Esto es algo a tener en cuenta porque por estos lados, comprar una mochila es toda una odisea: no es que uno diga: – ve, porfa, necesito una mochila. ¡Ah, que linda, quiero esa! –. No, eso no pasa por aquí. Te preguntarán para que es la mochila: ¿caminar un día? ¿caminar 5 horas? ¿o es solo para transportar cosas hasta la oficina? ¿qué tipo de terreno piensa caminar?  ¿asfalto? ¿tierra? ¿es en subida? ¿o bajada? ¿es ciudad? ¿campo? ¿verano o invierno? ¿cuanto mide usted? ¿su espalda? ¿come mucha pasta o prefiere vegetales? En fin, después de un sinnúmero de preguntas ridículamente específicas, habrá una mochila, de las 10.000 que están en exhibición, que cumple con todos los requisitos deseados. El hecho que usted haya respondido que come muchos vegetales cuando es mentira, prefiere una lasagna, ahí su compra será viciada y es posible que la mochila que ha comprado no es exactamente la que usted necesitaba. Es por eso que cuando fui a la tienda y me preguntaron si necesitaba ayuda, casi a los gritos (con mucha pena del educado vendedor) respondí: – ¡No! ¡solo estoy mirando!

Yo tenía dos tipos de zapatos que podía llevar: los tenis o unas botas. Mi cerebro, pies y sentido común decían: – Los tenis. ¡Vas a caminar mucho, son cómodos, livianos y suaves, para eso son!

Sin embargo el ambiente en que vivo decía, las botas de senderismo son las necesarias para caminar. Debes encontrar las botas específicas para el tipo de camino que deseas recorrer. Si te equivocas tu vida será un infierno por cuenta de esa mala decision. En fin. De tanto oír botas,  botas, botas, para el camino se necesitan botas, pero sin intenciones de comprar unas nuevas (son carísimas) decidí irme con las que tenía.

En el aeropuerto camino a Santander. El vigilante aeroportuario en algún momento mirando que debía yo pasar por los rayos x, exclamó : – ¡Ah, Bergschuhe!

No dijo Wanderschuhe, dijo bergschuhe, no es lo mismo, las primeras son para senderismo, las segundas para montañas. ¡Hasta el vigilante del aeropuerto sabía que llevaba los zapatos equivocados! No había pisado España y mi camino ya estaba condenado al fracaso.

(A los 5 días ya no aguantaba el dolor, al 6to ya iba en havaianas, para el 8vo ya tenía zapatos nuevos, enviado por correo los viejos y mis pies ya estaban condenados a nunca sanar).

Con las incómodas botas

 

Con las cómodas chanclas destrozapies

Con los zapatos nuevos creadores de ampollas

Descansando los pies malhumorado

Fotos de la linda España

Llanes, Asturias

Aviles, Asturias

Tapia de casariego, Asturias

Mar cantábrico

Galicia

Lindo amaneces en Galicia

Otro amanecer

Y otro

Santiago de Compostela

Típico albergue

Madrid

PLANE_64-01Esta, la última entrada de este blog europeo, termina en mi ciudad preferida de España, bueno, la tiene fácil, conozco poquitas. Madrid, ciudad no de parques pero de plazas, las tiene en su centro histórico bastante animadas, siempre recomendaré una patatas bravas en la plaza Santa Ana acompañadas por un vermouth, lo bueno es que no son amarrados, ese vasito lo llenaran hasta el tope, algo que se agradece de corazón cuando la cuenta es en euros! Es notorio que fue capital de imperio, esos aires de grandeza solo se ven en pocas ciudades: Viena, Paris, Roma, hasta en la misma decadente Lisboa. Esos edificios imponentes construidos con el dinero extraído de sus colonias es más que notorio. Si descontamos las injusticias que se realizaron para poder hacer estos monumentos, no podremos hacer nada diferente a admirarlos. Son reales bellezas arquitectónicas.

España, la gran España, empezó a serlo una vez el imperio romano cayó; hasta ese momento iberia no era más que una provincia de extracción. Una vez los nuevos amos, los visigodos llegaron, se instalaron, absorbieron la cultura y entre nativos romanos, iberos y godos se realizó una homogenización, se puede empezar a creer en una entidad medianamente nacional; el proceso se terminó a la par de la creación de los primeros estados, después de la fragmentación del imperio visigodo en España, carolingio en Francia y la instauración de las primeras monarquías absolutas, en España, una vez reconquistado el territorio a los moros, se creó una entidad nacional que hasta ahora no se ha borrado. Valdría la pena conocer más sobre la historia de este país, evitando en un principio entrar en los odios coloniales, hacerlo al menos para ver la grandeza del país; después, si se quiere, bien se puede comprender cómo, con la influencia que ellos nos dejaron con lo bueno y los malo de su colonización, hacerse una buena idea de lo que fue ese imperio y porque nosotros somos cómo somos.

La ciudad hasta hace unos diez añitos, una joyita; ahora con la crisis, un poco más humana, más sucia, pero igual de linda. Rico comerse unas tapas, tomarse unos vinos españoles y, recorriendo la ciudad sin mapa, solo perdiéndose en sus calles, con recomendación por parte mía, que ojalá incluyan las cortes, que bien acogedoras me parecen, lo mejor, es ver que, aunque el estereotipo que se tiene por tanta publicidad negativa, es de racismo hacia los sudacas, yo en mi caso, no vi sino gente amable. No quiere decir que esas cosas no pasan, pero tampoco es para generalizar.

España tiene lo que llaman, clima mediterráneo, esto es visible en Portugal, España, Italia y los Balcanes, me imagino, esto no lo conozco, en el sur de Francia también; vaya uno a saber que es ese tal clima, simplemente puedo asegurar que el sol y la luz es diferente; ideal para mi gusto.

Antes de ser acusado de hispanófilo empedernido y ciego, al ser esta, la última entrada del blog europeo (al menos por un buen tiempito), no puedo sino asegurar que lo mejor que existe para acabar con cualquier prejuicio y ver que las demás personas de los demás países son simpáticas, curiosas hacia uno y tan humanas y emproblemadas como uno, es viajando. Mi recomendación personal, viajes de bajo costo, es justo ahí donde se conocen las mejores personas, las más interesantes y las más abiertas; si, por el contrario el viaje es en hoteles o resorts, la compañía será la novia o la familia y aparte de la foto Facebook y la admiración por la arquitectura visitada, la cultura, que es lo más interesante, se perderá de vista y los estereotipos y prejuicios seguirán rondando la cabeza como si en vez de haber visitado el país se hubiese visto por televisión.

Ya sé que a muchos no les pareció tan entretenido este blog, obvio, no iba en moto y no pasé ningún peligro o problema que valiera una narración divertida, sin embargo, dado que quien esto escribe es muy dado a interesarse por la historia, este blog europeo al menos algo de conocimiento entre verdadero, inventado o intuido, dejó.

La próxima semana haré en la página de inicio de la bitácora del motoneto el listado de las ciudades europeas y latinoamericanas visitadas para que las puedan ver de una forma más ordenada y fácil. Ojalá les haya gustado.

Aviso_360-01

Madrid-20140813_183148_webLa Grán Vía

Madrid-20140813_185009_webCalles peatonales en el centro

Madrid-20140813_203239_webPlaza de la santa cruz

Madrid-20140813_203709_webPlaza Real

Madrid-20140813_203718_webDetalles de la fachada de la plaza real

Madrid-20140813_203944_webMimi tomando fotos

Madrid-20140814_124525_webPlaza Ángel

Madrid-20140814_134003_webEsquina en las Cortes

Madrid-20140814_134017_webCielo de las Cortes

Madrid-20140814_134157_webFachaditas madrileñas

Madrid-20140814_134553_webOtra calle de las Cortes

Madrid-20140814_135147_webNeptuno, donde celebran los del atleti

Madrid-20140814_140047_webCalle de Alcalá desde Cibeles

Madrid-20140814_140150_webLa misma calle Alcalá con la grán vía

Madrid-20140814_140721_webUna terrecita linda

Madrid-20140814_144908_webCerca al corte inglés

Madrid-20140814_162750_webCibieles

Madrid-20140814_163340_webLa puerta de alcalá

Madrid-20140814_163651_webParque el retiro

Madrid-20140814_164022_webEl laguito del parque del retiro

Madrid-20140814_165820_webEl hibernadero

Madrid-20140814_190609_webTapas en la plaza Santa Ana

Madrid-20140814_200509_webPlaza de la Villa

Madrid-20140814_201417_webSol y sombra madrileños

Madrid-20140814_201527_webEl palacio de los reyes