Siena

La cuenta llegó a cuatro. Al parecer la falta de simetría era algo que se debía enmendar y por eso, con cuatro, las cargas por fin se complementaron: dos en un hombro, dos en el otro. De clavículas hablamos, claro. Me he quebrado la cuarta. No es la cuarta clavícula, no soy extraterrestre, sino que me la he quebrado por cuarta vez. En esta ocasión, en bicicleta. Pero comienzo por el principio:
La primera vez sucedió en el Cimitarra, el 28 de Diciembre de 1999, a las 11am, mientras galopaba sobre Pulecio. Una mula terca quién se dejó ensillar por mí — grave error — y quien, aún cuando su silla y montura rotaban sobre su cuerpo de arriba hacia abajo, nunca dejó de correr. Fue un montículo de tierra que la desposeyó de su montura — ¡yo! — y fue en ese instante que dejó de correr; porque importante, había que reducir el ruido al mínimo para que la hilaridad colectiva se pudiera oír. Pasadas las risas de los testigos — nunca pasaron — un personaje, quien ante el accidente, se metamorfoseó cual mariposa llanera, de vaquero a ortopedista, puso su rodilla en mi pecho y con mano firme jaló el hueso mientras de su boca salía un “no se preocupe, se le dislocó, yo se la arreglo en un segundo” En efecto, al paso de un segundo sentí un crac, y el Dr Vaquero dio por terminada su operación, y, siguiendo la rima, el motoneto perdió la visión. No me pregunten porqué los ojos dejan de ver cuando un delicado vaquero revienta un hueso; solo cuento lo acontecido. Y sucedió que dejé de ver. Manos ajenas me guiaron por un matorral — con muchísimas risas de fondo, como no — durante unos 20 minutos hasta llegar a una finca donde, a falta de cabestrillo, me envolvieron con una sábana para, en primer lugar, amarrar el codo y hombro lo mejor posible, hacer bien evidente que el herido, herido andaba, y por último, muy importante para la ocasión, generar más risas. Así, entre adolorido y humillado vime confrontado a la segunda parte del paseo: llegar a un hospital. Aquí vale la pena aclarar que para llegar a esta finca había que recorrer en carro 8 horas por via asfaltada, 2 horas por destapada, mas 2 horas a caballo, como quien dice, un lugar poco propicio para tener accidentes si el transporte se cuenta por bloque de horas y medios de transporte. Esto no se podía hacer a la inversa, así, que cambiado el itinerario, durante un hora a caballo fue movido el herido hasta llegar al carro — desplazado a un potrero para la ocasión — y se hizo el relevo, para, mediante un dolorosísimo proceso, rebotando por los pastizales, atravesando quebradas y volando por trochas llegar, por fin, con su maltrecha carga a la tan ansiada via asfaltada. Hubo que recorrer otras dos horas para llegar al aeropuerto donde, según lo comunicado por el radioteléfono — en la finca no había electricidad — una avioneta le esperaba. Sí lo hacía, aunque también esperaba a otro. Otras dos horas después, montado en una pequeña silla, y acompañado por mi primo, fuimos testigos del ingreso de un personaje al que se refería como “el quebrado”. Como no lo podían sentar, acostado en el pasillo, con el poco de vida que le quedaba en sí, gemía de vez en cuando.
El vuelo, incómodo como siempre, pero sin contratiempos, llegó a Medellín donde me esperaban mis padres para hacer el relevo. Nunca aparecieron. Cansados de esperar, mi primo y yo tomamos un taxi hacia… no se imaginen el hospital, no se no cruzó por la cabeza. ¡Qué mejor lugar para tratar una fractura que la casa del abuelo! Fue allí donde decidimos esperar a mis padres para que, en esta ocasión sí, hicieran el relevo. Sucedió que en el aeropuerto preguntaron por el quebrado que venía en el vuelo. Les dijeron que claro, había llegado. El quebrado estaba en una ambulancia, la cual ellos en su desespero siguieron hasta que les fue revelado que seguían al moribundo quebrado del pasillo. ¡No el de la silla!
Fue a las 8 o 9pm que llegué al ansiado hospital donde un doctor, muerto de la risa me informó que no había nada que hacer: para una clavícula no se hace nada. Pastilla para el dolor, relajante muscular, un cabestrillo más digno y para la casa. Dos días después me intoxiqué con los relajantes musculares, pero esa parte del relato no entrará aquí.
En fin me acuerdo muy bien de la fecha y hora porque 9-10 horas de transporte no se le olvidan a nadie y porque bajo la amenaza del terrorífico Y2K asechando, asistí, por televisión el paso del milenio por islas Fiji, Japón, Londres, Paris, etc, mientras de música de fondo se oían las farras descomunales de la vencidad a las cuales yo hubiera adorado asistir.

Todo este cuento viene a colación porque me quebrado por cuarta vez la clavícula. Pasados los tiempos cuarentenarios apocalípticos del coronavirus donde, más que riesgo mortal, lo que envolvía a la población del país, era mas que un interminable tedio. Decidimos pues, una vez me quité el cabestrillo, irnos, en paseo improvisado, para la Toscana antes que la temida segunda ola viniera. Alquilamos un cinquecento, lleno de hundidos en todas las latas — al parecer fue víctima de una granizada bíblica — el cual nos llevó desde Milano a Siena. Nuestra base. La conducción del carro por vías italianas con una sola mano no resultó tan dramática como en un principio lo pensé; solo dolía el hombro cuando algún afanado italiano me restregaba su bumper por detrás en los pequeños cruces donde uno no tiene ni idea cual dirección tomar.
Siena es conocida por el Palio: una carrera a caballo dentro de las calles de la ciudad terminando en la Piazza del Campo, la plaza principal. Los que corren son representantes de los barrios del casco antiguo. Cada barrio tiene su bandera y casi siempre están basados en algún animal. Yo me hospedé en Torre, qué aunque no es un animal, de hecho si lo es: la torre está encima de un elefante.

Para que no queden dudas, el animal de la contrada da Torre es un elefante. Este animal se volvió símbolo cuando en 1600 algo un elefante visitó la ciudad y generó tanta sorpresa que quedó como símbolo de uno de sus barrios.
Para que no queden dudas, el animal de la contrada da Torre es un elefante. Este animal se volvió símbolo cuando en 1600 algo un elefante visitó la ciudad y generó tanta sorpresa que quedó como símbolo de uno de sus barrios.

También es conocida esta ciudad por ser en su época la competencia regional de Florencia, la cual, después de algunas batallas, ganó el control de toda la Toscana obligando a la ciudad a permanecer pequeña y sin mejoras. Le ayudó a Florencia en el conflicto, ahora que andamos de pandemias, la más grande de todas, la peste negra, de la cual Siena no se pudo recuperar. Queda como muestra de esto la catedral, la cual estaba en ese momento en proceso de ampliación y, desposeída de obreros y finanzas para terminarla, quedó a medio empezar. Debido a esta derrota — y las condiciones draconianas de los florentinos — es que aún la ciudad conserva todos los edificios de la época y se mantiene tan titina como en sus años de gloria — el siglo 14 —.
Por las calles de la ciudad también pasa la carrera de L’Eroica; competencia de bicicletas vintage para amantes de las bicis viejas y los hipsters. Es de obligatorio cumplimiento el tener una bicicleta de los 80 para abajo. Los cambios en el manubrio no son permitidos. Y las pintas retro son de casi obligatorio cumplimiento. Esta carrera dio a luz a la última carrera en entrar el grupo de monumentos, le strade bianche (las calles blancas), la cual, con bicicletas modernas y pelotón profesional, recorre las rutas de la Toscana, incluyendo las destapadas. De ahí el bianco; las vías sin asfalto en Italia son blancuzcas.
El recorrido de esta ciudad puede tomar un día, si la idea incluye museos, habrá que añadirle otro. La comida, obviamente es buenísima, teniendo como receta super tradicional el Pici, un spaghetti gordo con un ragú que combina muy bien con el vino de la región, el chianti.

La via Salicotto en Siena
La via Salicotto en Siena
Callejuela Sienesa
Callejuela Sienesa
Plaza del mercado sin mercado por cuenta del fastidioso covid
Plaza del mercado sin mercado por cuenta del fastidioso covid
Il palazzo publico, la alcaldía de Siena
Il palazzo publico, la alcaldía de Siena
Fachadas toscanas
Fachadas toscanas
Edificios de la piazza del campo
Edificios de la piazza del campo
Edificios de la piazza del campo
Edificios de la piazza del campo
Il Duomo de Siena
Il Duomo de Siena
Il Duomo de Siena, gótico a más no poder
Il Duomo de Siena, gótico a más no poder
No hay un centímetro cuadrado sin su decorado
No hay un centímetro cuadrado sin su decorado
Il Duomo por dentro
Il Duomo por dentro
Il Duomo por dentro
Il Duomo por dentro
Detalle del Duomo desde el interior
Detalle del Duomo desde el interior
Il Duomo debía ser ampliado pero la peste negra paró la obra. Ahora en un parquederon con paredes en el exterior que debían estar en el interior de una catedrál que nunca se acabó.
Il Duomo debía ser ampliado pero la peste negra paró la obra. Ahora en un parquederon con paredes en el exterior que debían estar en el interior de una catedrál que nunca se acabó.
Calles de Siena
Calles de Siena
Calles de Siena, como se ve, no hay nada plano.
Calles de Siena, como se ve, no hay nada plano.
La forma en que los bares combaten la gravedad
La forma en que los bares combaten la gravedad
Panorámica de Siena
Panorámica de Siena
Panorámica de Siena
Panorámica de Siena
El caballero príncipe Mattias ha prohibido que en la calle Maestra di Salicotto no pueden habitar meretrices (putas). 11 Agosto 1630.
El caballero príncipe Mattias ha prohibido que en la calle Maestra di Salicotto no pueden habitar meretrices (putas). 11 Agosto 1630.

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