Phnom Penh

Pronunciese Pnom Pen. Comparada con Vientiane, la capital de Laos, es toda una metrópolis; pero, al igual que la anterior hay poquitas cosas para hacer. No debo quejarme, solo es un día completo el tiempo que tengo para conocerla pues la fecha del avión no la puedo cambiar.
La visita principal que se puede hacer en esta ciudad es la prisión S21, donde los Khamer Rouge torturaban a todo el mundo… Todo el mundo incluye toda persona que tuviera gafas, hablara otro idioma, fuera un profesional o fuera familiar de otra persona que hubiera sido torturada y que, durante su confesión forzada, se le hubiera escapado el nombre de un nuevo desdichado. Los Khamer Rouge pretendían una especie de primitivismo extremo, donde solo los campesinos valían la pena. Las ciudades por tanto fueron vaciadas de sus habitantes y ellos, así no tuvieran idea como hacerlo, fueron enviados al campo a sembrar arroz. Vale la pena mencionar que un buen montón murió en el intento y otro tanto de enfermedades y hambre. Un cuarto de la población murió en tan solo 3 años y el país, a la caída de los Khamer (o jameres en español) quedó hecho trizas. En fin, Phnom Penh, era uno de tantos lugares donde habían sitios para torturar y a las afueras de la ciudad, tenían campos de exterminio. No eran tan sofistiquis como los nazis con sus cámaras de gas, pues aquí, con una simple guadua o alguna madera medio afilada, degollaban o rompían la cabeza de los condenados (toda persona que después de días y días de torturas inimaginables, había claudicado y confesado ser parte de la CIA, conocer algún vietnamita o cosas por el estilo. Si el personaje en cuestión moría durante la tortura y por lo tanto no firmaba su confesión, el torturador encargado se volvía víctima a su vez y, mediante torturas hechas por sus compañeros, algún otro crimen confesaría.

Con los bebes la cosa era más fácil: los agarraban de las patas y les reventaban la cabeza contra alguna palmera…

Ya se imaginan pues lo feliz que se siente uno haciendo estas visitas (bastante bien documentadas por cierto), queda uno con la misma sensación de después de haber visitado Auschwitz, o como sea que se escriba. El agravante aquí radica en que los rastros de sangre todavía son visibles y en las fosas comunes aún se ven lo huesos.

Volviendo a la ciudad, tenemos al río Mekong cruzándola, con nada que valga la pena al otro lado. En el lado de la ciudad, queda un palacio real y un museo a visitar. El museo me toco cerrado y al palacio no me dejaron entrar: llevaba chanclas (aunque una vez adentro hay que andar descalzo; cosas que uno no entiende).
El rey de Camboya es un tipo de admirar, o por lo menos lo que admiraría cualquier político mediocre como los nuestros: logró ser pro americano y anti americano, pro vietnamita y anti vietnamita, pro Khamer Rouge y anti Khamer Rouge… vaya uno a saber como diablos los camboyanos lo quieren si lo más normal del mundo hubiera sido que, una vez el regimen esquizofrénico de Pol Pot hubiera caído, toda persona que los hubiera apoyado, en peloton de fusilamiento tuviera su vida acabado.

En fin, los gringos, los chinos y demás potencias occidentales, aun después de que las tropas vietnamitas le mostraran al mundo los horrores de Pol Pot y los Khamer Rouge, por cuenta de ese ridículo anticomunismo o, anti vietnamismo (china, usa), le otorgaron una silla en la ONU al regimen genocida. ¡Y le dieron hasta plata! Para no tener que legitimar al gobierno títere de Vietnam. Así funcionaba el mundo entonces y así lo hace todavía.

De Camboya nada más les podré decir… por andar en moto en Vietnam, me comí el tiempo destinado para este país. Solo adiciono que la gente es super querida; los tuks tuks son insoportables y caros, como en todo lado; aparte de ofrecer tuktuk los choferes también promocionan massages, prety ladies, marihuana, coca; la comida es buena, mucha tai se encuentra; también venden tarantulas, escorpiones y demás insectos para comer; el calor es insoportable, pero los hostales tienen aire acondicionado; el dinero que usan son los dólares americanos y por ultimo, la gente en general es alegre y sonriente.

La salida de Phnom Penh hacia al aeropuerto, toda una odisea. El venerable rey decidió cerrar las vías más importantes de la ciudad para celebrar el años nuevo camboyano (y tai). El trayecto de media hora se convirtió de hora y media y logré temer bastante la pérdida del vuelo; sin embargo llegué, eso sí, sudado de pies a cabeza.

Delicioso menú callejero
El red light district de Phnom Penh
El S21 centro de tortura, exescuela y ahora museo
Última foto del Mekong con otro lado de la ciudad que no vale la pena
Zona cachetuda
El palacio real
El ex rey voltiareapas con la ex reina y al lado izquierdo, vestido con pantalones McHammer brillantes, el actual rey, hijo de los anteriores

Siem Reap

¡Nuevo record! ¡300 km en doce horas! Tanta velocidad no la había visto en mucho tiempo. Eso sí, esta vez no hay queja con la corrupción borderiza, fue el mismo encargado del bus quien nos pidió los pasaportes, dinero para la visa y otro tanto destinado a la corrupción. Así, todo el bus, indiferente de su procedencia, pagó la misma cifra para aceitar la felicidad y productividad policial.
La vida no fue tan feliz cuando tuvimos que esperar por dos horas otro bus que resultó una van. Mentiras, eran dos; en la primera empacaron como sardinas a todos los que cupieron y en la segunda, los que sobraron… en teoría teníamos mas espacio por ser los sobrantes del grupo pero, en realidad íbamos en una incomodidad suprema. La velocidad del vehículo era laosiana y el paisaje bastante tristongo.

Hago una aclaración económica… En Laos no hay ni agricultura ni industria, no se ve absolutamente nada aparte de montañas al fondo y campos pelados amarillentos sin ningún cultivo, adornados todos por incendios que hacen para sembrar algo… estos terrenos producen mas humo que alimentos!

En Camboya, el suelo es igual de amarillento, los pobres son tan pobres como sus vecinos pero, de vez en cuando se ve algún cultivo y en ciertos pueblitos, vimos algunas pequeñas industrias. Camboya es más próspero que Laos, aunque entre sus ciudades no hay absolutamente nada para ver. Además, dato curioso, tienen carros bastante grandes y caros en contraste con la economía del país. ¡Pululan los Range Rovers!

Siem Reap, llegado ya por la noche, es básicamente un horno crematorio, el calor es infernal pero, en contraste con el país dejado, acá las construcciones son modernas y – algo curioso y bastante util – todos, desde el conductor del tuk tuk hasta el mesero del kiosko más miserable, hablan un inglés bastante bueno, en algunos casos, decente, en otros. La gente además es mucho más querida y sonriente que su vecino norteño. Eso sí, es medio carongo, (entendiendo que el más barato es Vietnam)

Siem Reap, tiene bastante poco que ofrecer aparte de bares, restaurantes, hostales y hoteles para chinos. En la ciudad, aparte de tener que soportar un calor no apto para humanos, hay un museo de la guerra aunque, el verdadero motivo por el cual llegan los turistas a esta ciudad son las ruinas de Angkor Wat: la mítica ciudad de los Khamers e inspiradora de los mundos de Tomb Raider y los escenarios de Indiana Jones!
Angkor Wat es el primer complejo de templos que uno se encuentra; por cuenta de el todo recibe su nombre. Adelante hay otros palacios y templos, el que más me gustó es Bayan; más pequeño, con más ruinas, pero más bacano. Es de tener en cuenta que el calor siempre se encuentra cercano a los 40 grados y que estos templos son hechos en piedra – refractaria – lo que los convierte en micro climas de 50 grados o más. ¡Al escalarlos se puede quemar uno las manos y las rodillas!
En fin, para resumir: unos templos super especiales que no puedo describir con palabras y que tristemente no tengo fotos de calidad. Tendremos que contentarnos con las del celular. Angkor Wat y el resto de templos deben ser visitados por lo menos alguna vez en la vida… muy, muy recomendados!

Bayán

 

Angkor Wat en una foto pésima

 

Sudando a chorros

 

Bayan

 

Puerta que no se como se llama

 

Todos los templos tienen escaleras dificilisimas de subir y bajar

La vuelta en bicicleta es de unos treinta kilómetros y, aunque adelante hay mas templos, ya convencido de estar cerca de un paro cardiaco, derrame cerebral o algo relacionado con una muerte mephistotelica*, di media vuelta y me devolví para el pueblo.

Mephistofeles

No era el demonio de Fausto sino un lindo y adorado perro. Murió corriendo de felicidad por unos campos en Titiribí a los cuales no estaba acostumbrado. No fue culpa del terreno sino al clima. Cayó privado de un paro cardiaco, llamado en el mundo veterinario golpe de sol. Es decir, paro cardiaco por exceso de calor… 

A mí me iba dando como lo mismo.

Terminando, cada salida en Siem Reap implica sudar a chorros y volver corriendo al hostal para pararse frente al aire acondicionado y buscarse disculpas para no tener que abandonar el hostal una vez más en el día… promesa siempre incumplida porque la cerveza es barata y pubs y bares hay bastantes.

 

Caseta donde se sacan las visas

 

Pub street.. es en realidad mas titina que lo que aparece en la foto

 

Rio de Siem Reap que no se mueve un solo milimetro

 

Rana asada… lo mas de sabrosa

 

Vang Vieng

Vang Vieng era un pueblito como Nong Khiaw, hasta que fue descubierto por los mochileros. Nong Khiaw era un pueblito como Muang Ngoi Neua, antes de volverse un destino nórdico para los mochileros más avezados. Todas tres, bueno, la primera ya lo es, terminarán tarde que temprano siendo pueblitos iguales; es decir, pueblos super turísticos, solo para mochileros, donde el pueblo, feo y mal construido, sirve como punto de partida para hacer kayak, trekking, y demás actividades que se pueden hacer en las bonitas montañas y ríos que las tres tienen detrás de sus centros urbanos.
Vang Vieng es la más conocida por ser la más cercana a Luang Prabang, el sitio más turístico del país, además de encontrarse también cerca a Vientiane, la capital.

Vang Vieng y su panorámica

Aparte de barcos, canoas y ejercicios lo que más hace la gente en Vang Vieng es sumergirse sin complejos en farras hasta el otro día. O, si tienen suerte, fumar opio y meterse cuanta droga haya, hasta que a la mañana siguiente se despierten en cualquier calle – o habitación con alguna compañía que no recuerden haber conocido jamás en su vida – y de allí, enguayabados o aun borrachos o drogados, irán al hostal a dormir el resto del día. Para resumir, Vang Vieng es un party town. Los hostales son sucios, sobrepoblados y caros, la población local es malhumorada – con razón, o sin ella – la comida no es especial y todos los tours que se ofrecen tienen en cuenta que deben empezar un poco más tarde de lo normal (a las 9 en vez de las 8) y además que en el recorrido deben haber bares para que la gente se emborrache y, una vez vuelvan al pueblo, puedan meterse otra farra más, en alguna de las discotecas que por los general quedan en el pueblo y después, unos after party que quedan lejos, fuera del pueblo. Hay una razón para esta lejanía: La policía.

Como en casi todo país de la tierra, la diferencia entre un ladrón y un policía solo radica en el uniforme y en la seguridad social. La policía, miembros del crimen organizado, gozan de cierta protección por ser consideraos un mal menor. Los rateros, personajes como los anteriores, pero trabajadores freelance, no gozan de tanta protección ni estima. Exagero, aparte de los gringos y su visión militarista de la policía, hay pocos países en el mundo en que un policía no es considerado una persona baja y evitable.

En fin, mi cháchara antipolicial viene a cuento porque la policía laosiana tiende a hacer paseos millonarios. Para quien no lo sepa, esto consiste en secuestrar a una persona y llevarla de cajero automático en cajero automático al final de la noche donde pueden sacar el cupo completo de la tarjeta en un día, esperar con el reo hasta que comience el nuevo, y sacar el cupo completo de nuevo. El método acá no es a mano armada, sino armados con leyes – posiblemente inventadas pero para abusar de ellas… la policía – en fin, buscan solamente personajes que quieran fumarse un porro o opio o quien sabe que más, y los esperan a que, una vez hagan la compra, caigan entre sus manos. Los pobres, capturados y muertos de miedo, son amenazados de cárcel y quién sabe que otros males, a menos 1000 dólares sean ingresados a la cartera policial!!! o hasta 1500 dependiendo de la codicia del oficial – y la pinta del drogado, claro esta –. Si la víctima se rehusa a pagar aduciendo falta de fondos, una noche carcelaria le hará recapacitar (noche que no será registrada en los anales oficiales, obvio). Así, la víctima, temblorosa, aceptará ir de cajero en cajero hasta que el cupo de su tarjeta no dé más. Paseo millonario… en vehículo oficial.

En fin, no está de más advertir que uno como colombiano – con todo el poder que esta palabra conlleva en países extranjeros – lo mejor que uno debe hacer es alejarse lo más prudentemente posible de las super farras, no vaya a volverse uno víctima de rebote.

Dejando atrás la noche Vangviengeña y volviendo al día, el paseo numero uno que se ofrece en el pueblo es el NEUMATICO! Todos son alquilados por una misma compañía que tiene como objetivo emborrachar a sus clientes en los bares que hay en el recorrido del río. Pero, he aquí el gran pero, si el cliente llega tarde a devolver el neumático, le esperan unas lindas multa. Para multar a la mayor cantidad de clientes, las cervezas en los bares del río son promocionadas lo más que se puede; y las más variadas tretas, juegos y entretenimientos son dispuestos para este fin. Cabe añadir que el rio no tiene ni cinco de corriente; por eso se ven los borrachitos flotando en un mismo sitio o remando desesperados para llegar a tiempo. Como la gente no es boba, en el último bar toman un tuk tuk (otra mafia que aprovecha para esquilmarlos) y llegan tambaleantes con flotador en mano por tierra. ¡Por eso yo me fui en kayak!

Los kayak son dobles, nosotros éramos tres, un par de alemanas muy queridas y yo, que solo, debí remar con un señor coreano. Es evidente que a los asiáticos no les gusta mover un solo músculo. Es tanto, que el río esta lleno de kayaks con chinos, koreanos, tailandeses, que se sientan en ellos mientras un guía debe remar por ellos. ¡Mi coreano decidió hacer lo mismo! Debí entonces llevar al principito hasta el primer bar donde, el hombre, asustado de verme tomando cerveza, adicionado a la incertidumbre sobre cuándo llegaría de vuelta a su destino, desapareció; imagino en un tuk tuk.

Se acuerdan de globito y su triste historia? Pues bien, me lo volví a encontrar y esta vez pude hacer el paseo que tanto quería desde hace tiempos.

 

Coreano remando en el aire
Calles de Vang Vieng
Calle comercial más importante
Puente para pasar al otro lado del río
Vista panorámica de Vang Vieng
Globito
Su santidad pedaleando
Canoa de pescadores
Parqueadero de canoas
Alrededores de Vang Vieng
Laosianos admirando mi cámara
Espantando vacas para aterrisar

Luang Prabang

No más botes, el tiempo no da. Además, aguas abajo hicieron una presa que obliga a los ocupantes del bote a bajarse y tener que tomar un tuk tuk. Mi tiempo y paciencia no dan para tanto. Tomé entonces una mini-van que demora 3 horas para llegar a Luang Prabang; aunque en esta ocasión se demoró cinco. Habían más ocupantes que sillas y yo, sentado en una sillita provisional, me quedé un largo rato viendo los campos de Laos. Son pobrísimos y pocos cultivos se ven. Los pueblos son polvorosos y de madera. En realidad no se de qué vive la gente… trabajarán en los pocos cultivos supongo.
Llegados a la famosa ciudad que nos recibió con unos cálidos cuasi cuarenta grados, tuvimos que negociar otro tuk tuk hacia el centro pues la estación de buses quedaba bien alejada de la ciudad, y nadie quería caminar cuatro kilómetros con la mochila a espaldas en semejante calor.

Los tuk tuk son los taxistas de Laos; más que una agremiación son una verdadera mafia que, de alguna manera que desconozco, lograron convencer al gobierno que todas las estaciones de buses quedaran alejadas del centro (o pueblo) para obligar a la gente a contratarlos y poder esquilmar a los turistas o locales sin consideración alguna. Los precios van más allá de lo ridículo y cualquier persona que esté de viaje por estas tierras, debe evitarlos a toda costa a menos que sean un grupo de 5 o 6; en ese caso los precios son negociables. Si, como en el caso de quien esto narra, se encuentra viajando solo, ahí lo más recomendable es hacer amigos en el bus, pues los necesitará para contratar a esos sinvergüenzas (3 o 4 kilómetros a 40 grados de temperatura con mochila a cuestas no los camina nadie!)

Empecemos con la famosa ciudad que hasta ahora no hemos siquiera mencionado; Luang Prabang. Es chiquita; con el resto del día que tuve. Apenas llegué de Nong Khiaw, pude caminarla de extremo a extremo con un santuario en un morro incluido. Muy bonito, muy doradito, con budas al estilo indio y mosaicos hechos con espejos de colores. El calor es infernal; para escapar de él solo queda sentarse en una terracita al borde del Mekong para tomar cerveza y nadas más; lo mismo que uno haría en Magangué u Honda. Cuando se esté cansado de esa terraza su puede mover uno unos cien metros a otra terraza vecina.

La ciudad tiene un monte atrás que lo hace a uno sudar a chorros, el cual tiene un templo en su cumbre que hace suspirar de tristeza a quien el morro subió. — Toda esta subida para ver este templito!? —. Bueno, amigo turista, lo que importa del morro no es el templo ni la gigantesca huella del budasaurio, la razón por la cual se debe subir, es porque arriba se tiene una vista muy buena de la ciudad y sus campos circundantes, eso, claro está, si la niebla no los nubla, valga la redundancia, tal como me pasó a mi.

Abajo, se puede visitar un palacio real con su templo vecino y unos carruajes reales más bien ordinariongos, pero, eso sí, bien doraditos. Hechas estas visitas, es obligatorio volver a terracear mientras el sol de la tarde se va. Una vez el astro sol se encuentra bien hundido bajo la aguas del Mekong, es posible hacer compras en el mercado de la noche; no es nada diferente a la avenida principal, cerrada para los carros y repleta de ventorrillos, en los que negociar precios es fácil. Uno sale con la sensación de no haber sido tumbado, a diferencia de Vietnam. Antes de renegar sobre Vietnam, allá, tumbado y todo, sigue siendo mucho más barato que este país, así posean muchas más riquezas. Laos es caro para los estándares de la zona. Los hoteles en Luango Prabang son costosos. O será que ya me estoy volviendo amarrado?

La luz de Luang Prabang es muy especial
Calle principal de Luang Prabang
Calle principal de Luang Prabang
Calle principal de Luang Prabang
Calle principal de Luang Prabang
El puerto de Luang Prabang
El puerto de Luang Prabang
Uno de tantos templos
Detalles arquitectonicos
Un buda con ofrendas
Un buda con ofrendas
El río Mekong
El río Mekong
Escaleras hacia el templo del morro tutelar, Phousi
Escaleras hacia el templo del morro tutelar, Phousi
Camino hacia el templo del morro tutelar, Phousi
Camino hacia el templo del morro tutelar, Phousi
Detalle a mitad de camino
Buda en Phousi
Buda en Phousi
Otro de tantos templos
Otro de tantos templos

Muang Ngoi Neua

Lo gracioso es que lo importante para hacer en Nong khiaw consiste en meterse a una cueva donde la gente se escondía, en la época de la guerra de Vietnam, de los bombardeos gringos; subir a un morro panorámico y remar en kayak. Digo gracioso, porque eso hice… pero en Muang Ngoi!. Volví a tomar el bote que me había llevado el día anterior a mi destino, pero esta vez aguas abajo. En un principio íbamos a visitar una cascada pero, como estamos en elecciones, la gente del pueblo no nos dejó entrar. Vale la pena mencionar que Laos es comunista y las elecciones no son cosas que susciten muchas pasiones, solo se puede votar por gente del mismo partido y lo único que se puede observar, son unas carteleras en cada pueblo con la hoja de vida de los candidatos y unos dominós mostrando los números de los candidatos para los analfabetos. Abajo, hay otras hojas de otro tipo de candidatos, esta vez de militares muy condecorados con los mismos dominós, pero esta vez rojos – deben ser los candidatos autorizados a comandar la región.
Resumiendo, las votaciones son obligatorias y en los puentes hay retenes para no dejar salir, de los límites urbanos, a la gente del pueblo.
Volviendo al relato, no nos dejaron entrar, así que seguimos rumbo a Muang Ngoi y allí fuimos a la cueva, donde todavía se ven los utensilios que usaban para sobrevivir y más arriba, en la montaña, el mirador. No esta de más aclarar que en la subida se suda a chorros; acá el invierno acaba más rápido y el calor que hace es bastante.

Visto lo visto, almorzamos en una casita de una señora sentados en el suelo y después embarcamos para otro pueblo donde tomamos los kayaks.

Me tocó con una española increíblemente antipática que además de no querer hablar – si íbamos a estar juntos por lo menos 3 horas, alguito había que comunicar – y que para colmos, solo quería remar para un lado. Para mi felicidad, media hora después desertó, con la suerte que la novia de un alemán lo hizo también; así que juntos, Fabian y yo, remamos con buen ritmo por una hora más hasta que vimos el puente de Nong Khiaw, ahí mismo se nos acabaron las fuerzas.

Todo el viaje fue hecho sobre el Nam Ou, o río Ou, río que no es río sino más bien un lago pues de corriente, pocón, pocón. Si se paraba de remar el kayak se quedaba en el mismo punto.

Calle principal de Muang Ngoi Neua
Calle principal de Muang Ngoi Neua
Entrada al templo de Muang Ngoi Neua
Entrada al templo de Muang Ngoi Neua
Emocionante campaña politica
Emocionante campaña politica
Lugar donde almorzamos
Lugar donde almorzamos
Nam Ou
Nam Ou
Vista de Muang Ngoi Neua y el Nam Ou
Vista de Muang Ngoi Neua y el Nam Ou
Limpios pies
Camino a las cuevas donde la gente se escondía
Camino a las cuevas donde la gente se escondía

Nong Khiaw

Logramos tomar el bote en dirección Nong Khiaw, aguas abajo, parte de él iba a descender en Muang Ngoi y parte seguiría hasta el final, yo me incluía en este grupo. El bote, una canoa grande con una hélice instalada casi en la superficie, navegaba por un río sin corriente. En tres puntos donde los rápidos son más bajos de lo normal, debíamos bajar de él y caminar por la playa entre bueyes hasta un punto más adelante donde embarcábamos de nuevo. Las panorámicas iniciales no eran especiales, aparte de selva, se ven uno que otro grupito de bueyes con las cabezas fuera del rio, sin embargo, a medida que el barco se acercaba a Muang Ngoi, unas montañas encañonaban al río y la panorámica mejoraba.
Mitad del bote se bajó en el primer puerto y la otra mitad… también! Había que cambiarse de barco. Buena cosa, pues en el primero (unas 4 horas) las bancas eran tan bajitas (10cm de altura) que daba lo mismo sentarse en el suelo, las rodillas no daban más! El segundo bote tenía sillas de carro, pero solo cuatro, las de adelante, los que tuvieron suerte se sentaron en ellas; los que no, entre mochilas o en el suelo les toco seguir.
En la parte trasera habían dos enfermos, adelante, en la proa, como se pudieron, se acomodó una familia. Al igual que en Vietnam, los locales no se juntan con los extranjeros, no porque ellos no quieran, sino porque los conductores los hacen ir separados. Vaya uno a saber por qué. Casi siempre la distribución es así: los extranjeros atrás y los locales adelante – normalmente los extranjeros van hasta el ultimo destino y los locales se van quedando en el camino donde, a su vez, nuevos personajes entrarán –. Puede que esta division se dé por practicidad – facilidad de ingreso y salida del vehículo – o, para evitar que la gente del país se contamine moralmente de los enguayabados turistas; no tengo idea.
Sigo, Nong Khiaw es casi lo mismo que Muang Ngoi. La diferencia radica en que la carretera principal se encuentra asfaltada y el pueblo tiene más bares y guesthouses. Rapidito encontré una cama. Los otros compañeros de viaje, Esther y Brice, unos franceses y Laura y Phil, franco canadiense, toman otros hostales diferentes. Comida, cervezas y se acabó el día.
Bueno, me adelanto, con las cervezas me encontré con otros franceses que no hacía parte de nuestro bote. El hombre, de quien ya no me acuerdo el nombre, resultó tremendo aventurero: había cruzado el océano haciendo boat-stop y después había terminado como pescador en el caribe; un paseo de tres años de envidia.
Nong Khiaw tiene tres calles, allí se encuentra todo. Las atracciones son limitadas: una cueva donde se escondían de los bombardeos gringos – si en Vietnam la guerra y los bombardeos fueron injustos, ¡aquí fue un verdadero crimen! Intentaron volar todos los pueblos y habitantes del norte del país –. Como habían tantas cuevas, los habitantes, en general, se las arreglaron para sobrevivir, cazando animales por la noche y pasando el día encerrados. Hay, al lado del pueblo, un viewpoint, tal como lo llaman ellos en ingles, y es un morro que desde arriba se ve el rio Ou, el pueblo y las montañas. También se pueden hacer paseo en kayak. Pero eso lo dejo para mañana.

Parnorámica de Nong Khiaw
Parnorámica de Nong Khiaw
La calle principal de Nong Khiaw, es asfaltada!
La calle principal de Nong Khiaw, es asfaltada!
El puerto de Nong Khiaw en el río Nam Ou
El puerto de Nong Khiaw en el río Nam Ou
Pasando entre bueyes los rapidos
Barcos locales
Barcos locales
Caminando por la playa porque el bote no podía pasar unrápido con pasajeros
Caminando por la playa porque el bote no podía pasar unrápido con pasajeros
El Puerto de un pueblo rivereño
El Puerto de un pueblo rivereño
Los bueyes que de vez en cuando tuvimos que atravezar
Los bueyes que de vez en cuando tuvimos que atravezar
Paisaje del río Nam Ou
Paisaje del río Nam Ou
Paisaje del río Nam Ou
Paisaje del río Nam Ou
Paisaje del río Nam Ou
Paisaje del río Nam Ou
Apeñuzcados en el bote
Apeñuzcados en el bote
Lindo diseño de canoa
Lindo diseño de canoa
Nam Ou entre brumas
Nam Ou entre brumas

 

Muang Khua

Muang Khua, lugar donde todo anda despacio
Muang Khua, lugar donde todo anda despacio

Un bus a las 5:30 significa siempre estar en la estación un poquito antes, digamos 5am, para poder asegurase un puesto. El trayecto del día es simple, debemos cruzar las montañas que dividen a Vietnam de Lao. A la velocidad de un rayo – sí bautizamos Rayo a una mula –, salimos montaña arriba, para terminar nuestra primera etapa solo unos kilómetros después del pueblo, pues había que montar cajas y cajas al bus con repuestos de moto que al parecer en Lao no se encuentran. Dos kilómetros mas adelante repetimos la misma faena, con otro tipo de repuestos, y así, dos paradas adicionales marcan el tono del viaje. Omitiendo más detalles, una hora después llegamos a nuestra verdadera primera etapa, la frontera vietnamita. El papeleo fue fácil. Otra vez en el bus y dos kilómetros recorridos, nos detenemos en la frontera de Lao. Allí la cosa en teoría es sencilla: pedir la visa on arrival; pagar 30 dólares de costo; pero, después los turistas debemos pasar por cuatro casillas adicionales en las que serán pedidos en cada una, dólares o kibs, para pagar estampado del pasaporte, tarifa de turismo, un papel amarillo raro y por último, una risible medición de temperatura para el ébola. En cada casilla, el valor pagado – en parte o totalidad –, terminó en el bolsillo del funcionario. Con nosotros viajaba una canadiense, a la pobre la desplumaron. Vaya uno a saber porqué, me imagino que Canadá no se comporta muy bien con los viajeros laosianos; a ella le sacaron un buen montón de dinero. La pobre, furiosa, el resto del bus, muerto de la risa.
De nuevo en el bus, ahora con una nueva estampita en el pasaporte, continuamos nuestro camino por unas carreteras bastante malas y curveadas, hasta cruzarnos con los primeros pueblos. Allí nos detuvimos para dejar los repuestos en dos o tres locales de motos y por fin, a la misma velocidad de Rayo llegamos a nuestro destino, Muang Khua; el lugar para tomar el bote que nos llevará a Muang Ngoy Neua, el destino de unos, y Nong Khiaw, el de otros – yo me incluyo en la categoría, otros –.
Encontramos el puerto en muy poco tiempo pero nos pidieron a nosotros cinco, un millón de kips. Casi 25 dólares por persona, toda una fortuna para los estándares de la zona – sabemos calcular cuándo las precios se están saliendo de control –. Decidimos todos quedarnos en un albergue de madera para esperar a la mañana siguiente si encontramos alguien más que nos ayude a reducir la carga monetaria del paseo.
Los cuartos se pueden considerar rústicos, pero la noche valió 3 dólares – todo un record por lo bajo –, así que ninguna queja con eso. Iba a dormir con la alemana y la canadiense pero, al parecer ellas se asustaron y al final terminé compartiendo cuarto con un francés que se sabe muchos trucos y que se paga su viaje haciendo magia en los pueblos. El cambio de cuarto vino con ventilador y mosquitero, buena mejoría en comparación con el cuarto de tres camas; pero, incluía baño turco, que ya utilizado se puede decir que es bastante difícil de usar.
De ñapa, nuestro hostal/bar/restaurante, llamado Nam Ou, tiene una terraza que se bambolea con el viento pero, que posee una buena vista sobre el nam Ou, o el río Ou. Para resumir el ambiente: en el lugar todo pasa muy lento; al fondo se oye música lenta, al frente se ve el “puerto” donde la carga y descarga se hace con toda la calma del caso y, si acaso tienen que empujar la canoa que se encuentra encallada, lo hacen con bastante lentitud. Al fondo canta un gallo y unos pocos pájaros terminan de rellenar el fondo ambiental.
David, el mago, hace magia a todos los Laosianos – si este gentilicio existe –. Así les saca información sobre los buenos precios. Un arte bastante útil cuando uno viaja en países que los precios son doblados o triplicados para los turistas. En fin, la vida nocturna en el lugar termina temprano a menos que uno se haya aprovisionado de buen licor, casi siempre Lao Lao, el whisky de arroz que toman en a region.
Con mucho Lao Lao en el organismo, afirmo profético: mañana será otro día.

 

El puerto de Muang Khua con turistas dispuestos a pagar el flete completo
El puerto de Muang Khua con turistas dispuestos a pagar el flete completo
Mercado de Muang Khua
Mercado de Muang Khua
Arquitectura local
Arquitectura local
La cerveza de Lao
La cerveza de Lao
El puerto de Muang Khua en la mañana
El puerto de Muang Khua en la mañana
El bus del camino... parece bueno pero era una mierda
El bus del camino… parece bueno pero era una mierda
Parador a mitad de camino
Parador a mitad de camino
Entrada al hostal/bar/restaurante Nam Ou
Entrada al hostal/bar/restaurante Nam Ou
Terraza del hostal/bar/restaurante Nam Ou
Terraza del hostal/bar/restaurante Nam Ou
El hostal/bar/restaurante Nam Ou
El hostal/bar/restaurante Nam Ou
Las habitaciones del hostal/bar/restaurante Nam Ou
Las habitaciones del hostal/bar/restaurante Nam Ou
Baño del hostal/bar/restaurante Nam Ou
Baño del hostal/bar/restaurante Nam Ou

 

Hanoi – Dien Bien Phu

Dos días en un solo post pues en el primero no hice mucho y en el segundo, tampoco.

Mi tiempo hanoiero acabado en una larga espera. Debía hacer el check out a las once y salir a las 4 para la estación de buses para comprar el tiquete del bus nocturno.Debía hacerlo con esa anticipación porque la sola posibilidad de no encontrar tiquete trastocaría bastante los tiempos del viaje, o por lo menos en mi rigidez mental. Todo el día transcurrió en modo espera; sea en el hostal esperando a que fueran las cuatro; sea en la terminal de bus atendiendo con ansias las tan esperadas ocho. La terminal, bastante aburridora ella, repleta de revendoderes bastante acosadores, que además, no hacían más que gargajear en todo lado. Por estas tierras quien gargajea más duro es más macho, aunque para decir verdad, todos lo hacen; cosa que para un ser tan puro y sensible como yo, le es bastante desagradable. Creo ya haberles descrito m asco en alguna entrada de Brasil, país bastante apegado a estas extracciones de fluidos internos.

El bus es un bus normal con sillas reclinadas no reclinables aptas para vietnamitas. Una persona de 1.70 ya se ve en problemas sobre donde o como acomodar sus piernas. Abajo de la sillas reclinadas hay un espacio que yo creía para las maletas pero en verdad era para una especie de segunda clase que debe dormir en el suelo del bus. Así todo el piso del bus es una colchoneta donde hasta en el pasillo duermen los viajeros. El encargado de los tiquetes se las ve a gatas para moverse en el pasillo esquivando cuerpos para poder controlar a los pasajeros de atrás. Para los vietnamitas eso no es ningún problema; un motocito se lo hechan en cualquier hueco sin ningún complejo. Casi siempre se encuentra uno en la recepción del hostal al encargado nocturno tirado en una colchoneta en el suelo, o en el sofa de espera, o en el closet de las maletas. Es entendible que duerman en cualquier lado: los horarios laborales son al extremo abusivos (12h) y casi siempre son estudiantes con una paga que linda lo ridículo, 1.000.000 de Dongs al mes, equivalentes a 142.000 pesos o 45 us. Dicho esto, cuando digan que la guerra en colombia es por causa de la inequidad, abuso y explotacion laboral y salarios menores que el básico de supervivencia, primero vengan a estas tierras (y otras que por el blog han pasado) y verán que los colombianos se matan porque son colombianos. Hay paises muchisisisisimo más inequitativos, abusivos y restrictivos que el nuestro y sin embargo sus habitantes no roban, ni matan.
Volvamos al bus…
Me tomé dos solpidems.

EL bus

Dejamos el bus….

Dien Bien Phu
  
Mausoles por los caidos en la guerra de independencia
  
La colina A1 tal como la fotografía lo muestra
 

Dien Bien Phu me recibe a las ocho de la mañana y, como ya tenía hotel! reservado, la cosa fue sencilla. Es un pueblo pequeño y lo único que hay que ver es lo referente a la batalla del mismo nombre. Fue aquí donde los vietnamitas destrozaron a los franceses y los obligaron a dejar cochinchina para siempre (Eso tomó un tiempito pero esta fue la batalla definitiva) La colina A1, lugar del fuerte francés fue completamente arrazada, ahora lo que uno encuentra es una recontrucción de las trincheras, bunqueres y por un ladito, material militar de los franceses y gringos (siempre presentes donde hay guerras)
Cerca hay un museo de la batalla con foticos a blanco y negro y un montón de propaganda, obvio, en un país comunista, no aprovechar una victoria contundente como esta para hechar propaganda, sería un crímen. Hasta hay fotos con letreritos hablando de la humanidad del partido en las que los medicos vietnamitas atienden a los franceses y a los vietnamitas aliados con todos los cuidados y cariño que hombres afligidos necesitan… después de las fotos los fusilaron. De los dos mil franceses que capturaron solo vivieron como 180 y de los vetnamitas aliados nadie dio cuenta, lo más eguro es que no quedó ni uno. Esto tambien es comprensible, de la forma como se comportaron los franceses en estas tierras, yo personalmente ni la foto les hubiera tomado; ni hablar de los gringos. En fin, después del museo hay un puente importante en la batalla y sí, es un puente lo mas de corriente y ya. Ese fue el día… De almuerzo me tomé dos cervezas y un helado (lo más de bueno) y volví al hostal borracho a más no poder.

Hanoi II

Anoche salí con los hindus y el finlandés con los que había pasado todo el día. Me separé para visitar el teatro de títeres acuáticos y me volví a juntar con ellos en un bar. Pasada muchas cervezas y ya cansados de la fiesta decidimos volver al hostal pero en el camino nos encontramos un vietnamita borrachisimo. dos de los hindues tenian hambre y, un aleman que se nos pegó y yo, nos pedimos la última cerveza del día, o eso creíamos al menos. Pasado el tiempo nuestro ventero nos empezó a regalar wisky de arroz de una botella gigantesca ya a medias, tomados varios tragos, mientras detrás la esposa regañaba al borracho decidimos seguir nuestro camino después de que un sueco, bastante borracho también, tratando de ser cortez con los hindues, no había hecho nada más que insultar su país. 
Hoy el finlandés tuvo que ir al hospital, parece que el traguito le cayó mal. 

Volviendo al día de hoy, la turisteada fue breve porque mi viaje cambió un poco:

el viaje hasta Luang Prabang ha sido cortado en etapas… así pues ire primero a Dien Bien Phu, en la frontera con Lao y me quedaré allí un día. Ese fue el lugar donde los vietnamitas destrozaron a los franceses y se liberaron de su yugo (para caer en otro). El bus para llegar allá dura 11 horas así que el día se pierde por entero. Por un descuido reserve un hostal para el día equivocado así que tuve gastar un tiempito en internet tratando de cambiarlo. Me iba a ir con los hindus para la estación de buses y cambiar el tiquete pero ya montado en el vehiculo me tuve que bajar porque en Hanoi hay dos estaciones, no una… la mia era distinta.

Hasta el son de hoy no tengo tiquetes pues ir a la estacion y volver al hostal cuesta lo mismo que el bus a DBP, así decidí correr el riesgo y mañana después de almuerzo iré a la estacion para comprar el tiquete para esa misma noche y en bus nocturno me iré.

Después en un pueblo de Lao, llamado Muang Khua, tomaré un bote hasta Luang Prabang. Ya sé que me toca viajar en un bote solo hasta la mitad y después tomar otro. Como no tengo idea como se hace eso ni cuanto tiempo toma de pronto me toacrá dormir en el intercambio… ya les contaré si llego a mi destino o no.

 

Calles de Hanoi
  
Carcel donde los franceses torturaban a los vietnamitas
  
Cervecitas en baja resolucion
 

Hanoi I

— Hello Sir! How are you? —, grita el hombre con entusiasmo. Se hacen las respuestas protocolarias mientras las sonrisas del dependiente del hotel llenan el lobby. — Where are you going today Sir? —. Se responden todos los destinos del día con cierta ingenuidad por parte del visitante. — After Hanoi, which is you next destiny?
— Amigazo, yo sigo para Lao, Luang Prabang —, responde uno con sinceridad. — Sabés donde puedo tomar el bus para ir para allá?

— I will look for you Sir, just wait a minute —, responde el hombre sonriente como siempre. Cinco minutos después informa que el bus se toma entre 25 a 30 horas y que tendré que dormir en el bus mientras abren la frontera (esta cerrada de noche) — I can book it for you if you want —, me sugiere el hombre.

— No muchas gracias —, agradezco. — Mas bien decime donde está la estacion de bus acá en Hanoi, yo trato de arreglar las cosas por mi cuenta…

Si vieran como desaparecen las sonrisas…

***

— Hello Sir! How are you? —, grita el hombre con entusiasmo. Se hacen las respuestas protocolarias mientras las sonrisas del dependiente del hotel llenan el lobby.

— Sabés donde puedo vender mi moto?

— Off course Sir, do you want to sell it right now?

— Si es posible —, respondo exceptico.

— Wait ten minute I call my friend —, me responde super diligente, sobrecargado de sonrisas. En exactos 10 minutos llega un hombre menudito, mi posible comprador.

Después de una ardua negociación la oferta final del hombre llega a los apabullantes 110 dolares (yo la compré en 180) — Hombre, te podés ir por donde viniste —, le hago entender.

— Sir, did you sold the bike? How much did you ask for? —, pregunta el dependiente super sonriente.

— No la vendí, ofreció muy poquito.

Si vieran como desaparecieron esas sonrisas.

***

— Hello! Hello! —, me grita un hombre en una placita pública cerca del lago en Hanoi. — I´m a student, can you help me with this? —, me muestra una encuesta. 

— Porque nó —, le respondo amable. Dicho esto me voy para una esquinita a responderle su cuestionario que estaba hecho en Ho Chi Minh y se suponía que yo debería entender que se refería a Hanoi. Hecha la cosa me preparo para seguir mi camino. 

— Wait! Wait! —, insiste el hombre. Me saca un cuadernito para escribir la información: Nombre, nacionalidad, valor y un precio.

— Amigo, si lo que querés es plata, no vas a recibir un solo dong.

— No, no, no —, dice sonriente. — Just fill the blanks.

Nombre: Luciano

Nacionaliad: Colombiano

Tipo moneda: Dong

Valor: 0

Si vieran como se desapareció esa sonrisa… a esto se le añadió una seña para que me largara de allí en el acto.

***

Los vietnamitas son gente super sonriente, son realmente sinceros en el interés de uno pero en las zonas turísticas tipo Hanoi, Hoi An y equivalentes, se encontrará bastantes personajes muy interesados en el contenido de la billetera. Bueno, de eso viven. Sin embargo esto dificulta un poco saber cuando las sonrisas son sinceras o interesadas. La forma más fácil de que tipo de dependiente se tiene en el hotel (todos venden tours, pero no todos estan desesperados por tu dinero) es preguntarle por informacion sobre sitios a visitar, si no son insistentes en vender sus cosas o uno les dice que quiere hacer todo solo. Si no se nota un cambio de cara y se recibe la informacion, entonces son de confiar. Si se siente un ligero cambio en la expresion facial, entonces el hombre no es de confiar. En fin, son , en proporción, muchisimos más los personajes de buena fé que me he encontrado que los interesados solo en mi dinero.

***

La moto se la vendí a un vietnamita en un calle llena de motos por 130 dolares. La condición era que me los pagara en la moneda gringa y no Dongs. Ok, dijo el hombre y me mandó la esposa para que me pagara. Recibí en mis manos un billete de 100 que le faltaba solo un poquitico por tener a Mickey Mouse como heroe independista americano. — Mas bien pagame en Dongs —, le digo. Sobrecargado de Dongs, me consuelo con haber vendido la moto en tan solo una mañana, evitándome el estrés de ver la moto al frente del hotel sin compradores… Ya había escrito clasificados en facebook y en craiglist sin ningún resultado. Ellos eran mi esperanza, había pedido 220 por ella con la intencion de rebajar hasta 180 y recuperar todo mi dinero, pero, como nadie se apareció, al vietnamita la moto vendí. Con dinero en el bolsillo y un deber menos sali sonriente para pasear por todo Hanoi.

***

“Hello, I’m Jan. I have interest in your bike. I´m close to your hostel, are you avaible?”

Si vieran como se me desapareció la sonrisa.

Puto Murphy!

 

Notre Dame de Hanoi
  
Templo de la literatura, si no estoy mal
  
Templo de la literatura
  
Calles de Hanoi